¿Esto es arte?
Cuando el mercado se convierte en el único juez del arte
Hoy el artista necesita montar un discurso sobre su obra porque la obra misma ya no se defiende por sí sola. Esta viene a ser la (sucinta, esquematizada) conclusión del profesor de Filosofía y de Estética José Luis Pardo, sobre el arte conceptual. Solo el mercado que pone el precio parece ser jurado válido, así que el artista necesita de otras herramientas para entrar en él.
Es arte porque un grupo de curadores, críticos, galería, marchantes, coleccionistas ha decidido que es arte; después de La Fuente de Duchamp esa discusión es estéril. Y está bien. Pero…
El mercado valoró en 6.2 millones de dólares un guineo pegado en la pared con cinta adhesiva y el comprador se lo comió. Ni como performance tiene ningún sentido. Querer explicarlo con grandiosos discursos patafísicos es una pérdida de tiempo. (El emperador iba desnudo y solo un niño se atrevió a señalarlo.)
¿Hoy el mercado es el único jurado ante el que se presenta –desarmado- el artista? Carolina Arésti, de Figuro Art, se plantea tres preguntas cruciales ante una obra: ¿Esto es arte? ¿Esto es bueno? ¿Por qué cuesta lo que cuesta? Hoy por hoy parece prevalecer la corriente de que la idea es más importante que la obra. Como dice Arésti, en ocasiones (bastantes) el argumentario en el cartón es mejor que la obra misma.
Va más lejos. Si opinamos que hay novelas buenas y novelas malas; películas soporíferas y obras maestras; cantantes buenos y cantanticos que andan justos de afinación… ¿por qué cuesta tanto verbalizar que en artes plásticas también hay obras buenas y obras malas? ¿Por qué simulamos creer que cada pieza necesita un argumentario sociológico, filosófico para ser tenida en cuenta? Toda obra de arte tiene un concepto detrás. Hasta un bodegón de unas sardinas explica algo. Eso no es nuevo. Ni siempre es arte.