Cantos para uniformados

La violencia policial como rutina cotidiana en República Dominicana

Cuando se olvida el origen y se empuña la fuerza. (Archivo/Diario Libre)

«La forma es bella si en el fondo hay una idea. ¿Qué vale una frente bella si no hay u seso tras ella…?»

En la República Dominicana, las agresiones policiales contra la población civil se repiten diariamente. Se han convertido, como reza el pueblo, «en el pan nuestro de cada día». Posiblemente el hecho violento que mayor repercusión ha tenido en los medios de comunicación, ha sido la salvaje golpiza que un coronel activo de la Policía Nacional (Fausto Madé) le propinó a una joven de apenas diecinueve años. Tales hechos me hacen recordar los versos pletóricos de contenido social compuestos por el Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén (1902 – 1989), allá por los años treinta en su libro Cantos para soldados y sones para turistas (1937).

La inestabilidad política en la mayor de las Antillas, resultante de la caída de un dictador (Gerardo Machado) y el ascenso de otro al poder (Fulgencio Batista) desencadenó un estado general de oposición y denuncias que templó los hilos de la represión del gobierno por parte del Ejército cubano. Es entonces cuando Guillén escribe sus famosos Cantos…, con el propósito de crear en los soldados la conciencia de su origen humilde, exigirles que abandonen las prácticas de reprimir al pueblo y que se comporten siempre en defensa de los intereses de los sectores populares de los cuales proceden.  

Por eso, con el más imperativo de los acentos, inicia el poeta su libro, diciéndole al soldado:

«Soldado, aprende a tirar :

tú no me vayas a herir,

que hay mucho que caminar.

¡Desde abajo ha de tirar,

si no me quieres herir!

Abajo estoy yo contigo,

soldado amigo.

Abajo, codo con codo,

sobre el lodo.

Para abajo, no,

que allí estoy yo»

El mismo tono persuasivo está presente en el más popular poema del antes citado libro: «No sé por qué piensas tú»

NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ (1937

No sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo,

si somos la misma cosa

yo,

tú.

Tú eres pobre, lo soy yo;

soy de abajo, lo eres tú;

¿de dónde has sacado tú,

soldado, que te odio yo?

Me duele que a veces tú

te olvides de quién soy yo;

caramba, si yo soy tú,

lo mismo que tú eres yo.

Pero no por eso yo

he de malquererte, tú;

si somos la misma cosa,

yo,

tú,

no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo.

Ya nos veremos yo y tú,

juntos en la misma calle,

hombro con hombro, tú y yo,

sin odios ni yo ni tú,

pero sabiendo tú y yo,

a dónde vamos yo y tú...

¡no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo!

Y la misma línea de denuncia social y el mismo acento imperativo yacen presentes en el contenido profundo de los versos que conforman el poema «No le tire», de nuestro siempre inmenso poeta social, Manuel del Cabral (1907 – 1999) e inserto en su libro Compadre Mon (1943):

NO LE TIRE…

 

«No le tire, policía;

no lo mate, no;

¿no ve

que tiene la misma cara

que tiene usted?

 Corre roto,

sin zapatos.

¿No lo ve?

Corre tal vez

con una honradez tan seria

que corre en busca del juez…

Acérquese, policía,

pero guardando el fusil.

Acérquese.

¿No  ve?

Se parece a usted,

y a mí…

Mírelo bien.

Huye de la tierra y siempre

se va con ella al partir…

Acérquese… No le hiera

ni con el ojo

su dril…

Mire sus pies …

Mírelo bien …

Policía, no le tire.

Fíjese

que corre como la sed…»

El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura dcaba5@hotmail.com