Corpito

Nostalgia de las tertulias intelectuales que marcaron el pos-trujillato

En esta foto la obra «Ceci nest pas une pipe» del artista surrealista belga René Magritte. (CC)

El doctor Pedro Andrés Pérez Cabral (1910/81) oriundo de San Pedro de Macorís -cuna multicolor del capitalismo azucarero moderno-, mejor conocido por el simple apelativo de Corpito, fue figura emblemática del exilio intelectualizado dominicano que echó raíces profesionales y académicas en Caracas. A su arribo al país en 1961 tras el ajusticiamiento de Trujillo, su iniciativa de pedagogía política representó una atractiva opción formativa para decenas de jóvenes ávidos de nuevos conocimientos, quienes acudíamos a la 5 de la tarde a las charlas magistrales que ofrecía en una modesta sala del local del Partido Nacionalista Revolucionario (PNR).

Situado en los altos de la prestigiosa Galería Auffant, ubicada en la primera cuadra de El Conde libertario del 61/62 marchando desde la Palo Hincado, en una vía céntrica que vertebró las sedes de las nacientes organizaciones de la transición democrática: UCN, PRD, Agrupación Política 14 de Junio, FNR. Completadas por los locales del PRSC, VRD y UCN del DN, ubicados frente al Parque Independencia, y de la ASD, en la  Isabel la Católica, antes nombrada Calle del Comercio y entonces de los Bancos. Con la presencia de la vieja casona de J.B. VICINI, quien vino de Italia en el siglo XIX para sembrar su linaje empresarial por varias generaciones sucesivas.

El partido de Corpito provenía de la base caraqueña del exilio y era otro de los proyectos que los antitrujillistas colocaron en sus maletas al retornar al lar natal. El era su presidente y su secretario general lo fue el profesor Dato Pagán, ambos amamantados en la Sultana del Este, la salobre y proletaria urbe cantada por Domínguez Charro y Pedro Mir en sus poemarios raigales. Ambos expositores sucesivos en el programa vespertino de educación política, que iniciaba el más sofisticado y elegante de ellos, con pinta de scholar británico, desplegando una pipa cargada de aromática picadura holandesa que importaban las Casas Pérez y Velázquez.

De verba fácil, sólo interrumpida en su discurrir dialéctico para aspirar un copazo de la embriagante nicotiana tabacum, Corpito desplegaba los temas fundamentales de las ciencias políticas y económicas, apelando al raciocinio del auditorio abarrotado de atentos oídos juveniles, deseosos de aprender de la sapiencia ilustrada del catedrático. Un efecto magnético se irradiaba por la sala, donde sólo se escuchaba su voz de tono ligeramente metálico y atiplado, tejiendo una narración erudita en dicción perfecta de un español de academia.  

Corpito, de pelo fino cano peinado hacia atrás, vestía atildado traje sastre, impecable camisa de cuello blanca y corbatica de lacito o pajarita, mantenía todo el tiempo el candil de atención encendido. Al final de su charla, en gesto de cortesía pedagógica, se abría el espacio a la curiosidad de las preguntas.

Lo de Dato era otra cosa. Inteligente y zorruno, su retórica era contundente, impresionante. Manejaba el escenario como un actor de raza domina el montaje y mueve el discurso a su antojo. Dramatizaba, en especial al pronunciar la sacrosanta palabra pueblo, de la cual hacía una especie de degustación vocal, una suerte de gárgara patriótica con profundidad tonal. Prolongando el fraseo de cada sílaba, hinchando su sonoridad mesiánica para enganche de ingenuos. La muchachada presente se emocionaba cada vez que el profesor Pagán tronaba como un dios del Olimpo y lanzaba sus rayos revolucionarios.

A diferencia del aristocrático Corpito Pérez, Dato Pagán (1921/2000), quien había acompañado a Mauricio Báez en las luchas sindicales en el Este y recibido orientaciones políticas de profesores republicanos socialistas, fumaba el Cremas de hebra negra de la Compañía Anónima Tabacalera. Puro pueblo de las hojas cosechadas en las vegas cibaeñas, encendido para formar volutas de humo utópico que inundaban el ambiente.

Otros dirigentes del PNR hacían uso del espacio educativo. Era el caso del reputado médico puertoplateño del exilio venezolano José Ramón Kingsley, un caballero esbelto bien plantado con lentillas distinguidas. Sin dudas de origen cocolo, con él se ampliaba el calidoscopio étnico integrado en esta pequeña logia política. Modesto, nada teatral, el doctor hacía su aporte con anécdotas del exilio antitrujillista y reflexiones éticas.

El Dr. Rafael Kasse Acta (1927-2004) también ocupaba la cátedra nacionalista. Miembro de una distinguida familia libanesa asentada en el ingenio Las Pajas y en la rica geografía azucarera del Este, creció entre cañaverales y bodegas de colonias, a orillas del Soco. El Macorís cosmopolita de poetas farmacéuticos y juristas como Ligio Lizardi (Virgilio Díaz Ordóñez) lo marcó para bien, como a Toñito Zaglul y otros de su etnia prodigiosa.

Los Kasse Acta (Emil, Rafael y Wilfredo) fueron médico pediatra, odontólogo y veterinario, destacándose en los gremios profesionales, la academia y los deportes. Rafael, animado en política, presidió la Sociedad Odontológica, dirigió la Escuela de Odontología, fue decano de Medicina y rector de la UASD. Su presencia en el cuadro directivo del PNR agregaba la visión mesurada de quien vivió la Era, inmerso en los marcos del sistema. Vecino en la Estrelleta de la familia Balaguer. Habitué de las tertulias deportivas de la Farmacia de Gómez Olivier.

También de Macorís del Mar, colocaba su estampa más local un abogado brillante y honesto, poeta de verdad -Charlotte Amalie lo acredita-, colaborador de la revista Testimonio de la generación del 48 (Hernández Rueda, Torres, Peña Lebrón, Cifré Navarro, Abelardo Vicioso, Valera Benítez) y fundador de la espléndida Yelidá.  Víctor Villegas (1924/2011), 2do vicepresidente del PNR, daba color de resistencia interna al elenco. Jovial, accesible, siempre hizo empatía con los más jóvenes.

Una figura patriarcal de La Romana era el arquitecto Teófilo Hernández Pereyra (1905/85), don Telo, proveniente del exilio en Cuba y Venezuela, hermano del dirigente sindical Nando Hernández e hijo del galeno Teófilo Hernández, del liderazgo del Partido Nacionalista protagónico en los años 20. El arquitecto, de 56 años, era muy respetado por su firme carácter. Apuesto, de piel ligeramente aceitunada y pelo cano, vestía pantalón de gabardina kaki y guayabera habanera o yucateca, a veces con pajarita. Era el 1er vicepresidente del PNR.

De contextura fornida que desplazaba imponente, don Telo sorprendió al auditorio en una ocasión, al proponer a las damitas presentes, a manera de dispositivo efectivo para acelerar la transición y democratizar la membresía de las fuerzas armadas, simplemente negarle el acceso al sexo débil a los guardias trujillistas: un boicot de género, una veda inaguantable de afectos amatorios. Se exhortaba promover como táctica entre las mujeres del servicio doméstico. Era un recurso inscrito en el repertorio de la resistencia pasiva preconizada por Gandhi.

Teddy Hernández, su vástago leal que le acompañó en el recorrido del exilio, fue pieza articuladora de esta acertada actividad que llenaba un vacío formativo, auxiliado en la empresa por José Ramírez, Condesito, el pequeño gigante de la plástica discípulo meritorio de Jaime Colson, con la colaboración de las hermanas Leda y Margarita Vidal, hijas del legendario general Luis Felipe Vidal, hermanas de mi fraterno Máximo Luis.

Entre los jóvenes concurrentes retengo la presencia de Plinio Pina, Efraím Castillo, Miguel Alfonseca, Héctor Dotel, Leonte Brea, Federico Nadal, Juan Francisco Monclús, Darío Bazil, Luis Rodrigo, Lalito Sánchez, Alberto Perdomo, Iván García, Antonio Lockward, Rubén Darío Echavarría, Homero Hernández, Alfredito Rizek, Ramón Mella, Teobaldo Rodríguez, Pití Houellemont, Güigüí Pérez, José “Cabeza” Rosado, José Oviedo L., Alfonsito Pedemonte, Guillermo Dorado, Grace Coiscou, Rufino, Josefina y Rosy Paniagua, Flérida del Castillo, Bernarda Jorge, Fiume Gómez, Teresa Espaillat, entre otros.

Corpito exponía la evolución histórica de los sistemas económicos sociales (comunidad primitiva, esclavitud, feudalismo, capitalismo, socialismo) y sus correlatos políticos. Mientras Dato abordaba los ciclos de las revoluciones francesa, soviética, china, mexicana y cubana, y la descolonización en curso en Africa con Argelia y el Congo Belga como casos candentes. Otros expositores referían la reforma agraria y las nacionalizaciones petroleras y mineras en América Latina, aludiendo a México del PRI y la Bolivia del MNR.

En la carrera espacial, que se inició con el Sputnik-1 en 1957, la URSS adelantaba con Yuri Gagarin abordo de la nave Vostok-1 el 12 de abril del 61, orbitando por vez primera el globo. En franca competencia con USA que alcanzaría proeza máxima al alunizar el comandante Neil Armstrong con la Apollo 11 en 1969. La disputa armamentista nuclear, las tensiones en Berlín, el conflicto de USA y Cuba, que excluiría a la isla del sistema interamericano en enero del 62.

En el centro capitalino, hervidero de ideas, las librerías Amengual, Instituto del Libro de los catalanes José y Manuel Escofet, Dominicana del evangélico Julio Postigo, América de Perucho Bisonó y el quiosco socialista en el zaguán de los Lockward, proporcionaban material para saciar la sed de saber de la gente. Se podría decir que la Guerra Fría, con sus municiones ideológicas y tensiones geopolíticas, se había trasladado al circuito de El Conde y su entorno. La formidable Life en español, con excelentes fotografías, Visión dirigida por el liberal Lleras Camargo, y Selecciones de Reader´s Digest que se vendía en la Farmacia Pasteur de mis tíos Pichardo Sardá, se amalgamaban con Bohemia de Cuba, Novedades de Moscú y Siempre de México, con columnistas como Carlos Fuentes y Lombardo Toledano. Más la Gaceta Ilustrada de Barcelona, con las firmas de Julián Marías y Laín Entralgo.

Los cafés de parlar se llenaban de parroquianos variopintos. El 1 y 5 de Miguel Paliza, La Cafetera de su hermano Benito -afamado torrefactor-, asiento del habitué de tradición. El Jai Alai donde reinaba el crítico Contín Aybar, rivalizándole Fernández Spéncer reforzado por Veloz Maggiolo y Deive. El Sublime contestatario, bastión del grupo Arte y Liberación que capitaneaba el pintor Silvano Lora, redondeaban la oferta. Adjunta a bares restaurantes como Panamericano y Roxy, Meng y Mario, de la mejor comida china. Cuando las utopías nublaban la razón. 

José del Castillo Pichardo, ensayista e historiador. Escribe sobre historia económica y cultural, elecciones, política y migraciones. Académico y consultor. Un contertulio que conversa con el tiempo.