Cuánto extraño a Montanelli…

Entre la revolución digital y el rescate de la identidad cultural en Santo Domingo

¿Cuánto falta? 

Amigas de varios clubes de lectura de Madrid, Lima y Santo Domingo han coincidido al decirme con tristeza y consternación que creen próxima “la culminación de los tiempos”. Todas leyeron “Magnifica Humanitas”, la reciente encíclica del papa León XIV (Chicago, 1955) advirtiendo que los vertiginosos avances de la inteligencia artificial representan un inédito reto moral para los creyentes. El llamado pontificio a que procuremos que la IA sea una herramienta que sirva para el bien de la humanidad, en vez de una fuente de poder para unos pocos, al parecer ha resonado entre un público mucho más próximo a ver el rostro del Señor que entre las juventudes integradas a la ola digital, que pudiera significar un salto evolutivo para la raza humana. El antiguo obispo peruano Prevost, que visitó Santo Domingo y La Vega al menos dos veces en 2004 y 2005, como prior general de la Orden de San Agustín, se ha convertido en uno de los autores contemporáneos más leídos tras la publicación del documento eclesial, “sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial”, dirigido no sólo a los 1,400 millones de católicos del mundo, sino a los líderes políticos, empresariales y al público en general, pues desmenuza aspectos morales y éticos sobre la IA, la democracia y la economía. 

El 28 de mayo pasado, en la revista “Letras Libres”, sucesora de la recordada “Vuelta” de Octavio Paz (México, 1914-1998), el profesor Diego I. Rosales (Ciudad de México, 1984) recordaba que, en marzo pasado, Sam Altman (Chicago, 1985), director ejecutivo de OpenAI, que creó a ChatGPT en 2022, dijo que ve “un futuro en el que la inteligencia artificial es un servicio público como la electricidad o el agua, la gente nos la comprará por metro”. Rosales advierte: “parece que Altman no conoce el significado de las palabras que usa o no se da cuenta de que está profundamente equivocado. La inteligencia no es un bien que no deba venderse por metro, sino que es una cualidad que no puede venderse por metro. Intentar hacerlo es una estafa o una culpable equivocación”. 

Magnifica humanitas” contiene una introducción, cinco capítulos y una conclusión. Su premisa inicial es que la tecnología no es una “fuerza antagónica respecto a la persona” ni “un mal en sí misma” aunque sin embargo “no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. Puede accederse gratis en línea en el sitio web del Vaticano y hay edición impresa en español (Editorial San Pablo, Vaticano, 2026, 256 páginas). Falta mucho, “a Dio piacendo…”. 

Cuánta suerte… 

Pese al éxito de autores de ficción como Julia Álvarez o Junot Díaz, muy pocos dominicanos han logrado que las grandes casas editoriales de Nueva York publiquen o se interesen en sus obras. Mejor suerte ha tenido el colectivo de escritores de Haití, como por ejemplo la historiadora Marlene Daut (Los Ángeles, 1980), laureada profesora de Estudios sobre Negritud en la universidad de Yale, que hace pocos meses publicó su quinta obra, “The First and Last King of Haiti: the Rise and Fall of Henri Christophe” (Knopf, Nueva York, 2025, 656 páginas). La traducción del título es “El primer y último rey de Haití: el ascenso y caída de Henri Christophe”. La doctora Daut, nacida en California de madre haitiana y padre estadounidense de ascendencia irlandesa, sigue la línea de otros escritores haitianos que glorifican el surgimiento de la república negra sin asumir plenamente que el estado actual de Haití es consecuencia de sus horrores fundacionales. 

Quizás no se trata de suerte editorial (ni “bon yuyú” del África occidental) sino de la inserción de intelectuales haitianos en los medios académicos y editoriales estadounidenses, apoyados por varias activas entidades del lobby haitiano, aparte de los innegables méritos académicos de Daut y algunos de sus colegas. ¿Será posible que el sector privado dominicano y el Gobierno colaboren para que en esos ámbitos la versión y visión nuestra sobre la cuestión haitiana -que dista de ser unívoca- sea mejor conocida y estudiada? Académicos calificados no nos faltarían. Por ejemplo, Frank Moya Pons, María Amalia León, Manuel García Arévalo, Carmen Imbert Brugal, Pedro Delgado Malagón y otros… 

También tenemos a Miguel Reyes Sánchez (Santo Domingo, 1966), prolífico jurista y diplomático que preside la Academia Dominicana de la Historia que inició su carrera editorial haciendo pininos como poeta hace cuatro décadas con su libro “Siluetas de Recuerdos” (Colección Orfeo, Biblioteca Nacional, Santo Domingo, 1986, 32 páginas). Desde entonces ha seguido un torrente de 43 otras obras, mayormente excelentes ensayos sobre historia y diplomacia. “Océanos de Tinta y Papel”, (Lumwerg, Madrid, 2011, 368 páginas), una bellamente ilustrada historia sobre la navegación y el desarrollo marítimo dominicano, prologada por su colega historiador Juan Daniel Balcácer (Santo Domingo, 1949) y auspiciada por Agencias Navieras B&R, mereció el Premio FIL-León Jimenes en 2012. Lumwerg es una prestigiosa editora subsidiaria de Planeta. Fueron galardonados con el Premio Nacional de Historia en 2010 y 2015, respectivamente, otros dos libros suyos, “Historia de las Relaciones Dominico-haitianas” (Ediciones Senderos, S.D., 2010, 534 páginas) y “La Diplomacia Insular, RD y Haití 1844-2012” (Publicaciones del Banco Central de la R. D., S. D., 2015, cuatro tomos de unas 320 páginas cada uno), en colaboración con el embajador Alberto Despradel Cabral. 

Una de las más recientes publicaciones por Reyes Sánchez es “La Expedición Haitiana de Dessalines a Santo Domingo” (ADH Vol. CLXIII/Editora Búho, S. D., 2022, 212 páginas), que incluye la traducción al español del “Diario de Campaña de Christophe”, publicado originalmente en 1805 en la prensa de Cabo Haitiano, donde el sátrapa narra las atrocidades haitianas contra los dominico-españoles. Merece leerse para contrastar con la idealizada idea haitiana sobre los orígenes y desarrollo de su territorio. ¡Vade retro! 

¡Cuánto talento! 

Desde que debutó auspiciosamente con su primera novela “El Crimen Verde” (Editora Búho, S.D., 1994, 224 páginas), la distinguida periodista Emilia Pereyra (Azua, 1963) ocupó su merecido sitial como una de las mejores escritoras dominicanas del presente. Confirmó su relevancia al publicarse su segunda novela, “Cenizas del Querer” (Laguna Ediciones, Zaragoza, 2000, 219 páginas), finalista del prestigioso Premio Planeta en 1998. Su relato para jóvenes y niños, “Cóctel con Frenesí” (Editorial Cocolo, S. D., 2022, 176 páginas), que ofrece insólitas perspectivas sobre la vida callejera, ha sido muy elogiada. Pereyra también ha escrito cuentos y ensayos. Es de los pocos afortunados autores cuyas obras son procuradas por un público leal que ha motivado varias reimpresiones. Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 2019 y el Premio Enriquillo de Novela Histórica en 2020. Es fundadora y presidente la Unión de Escritores Dominicanos y miembro de la Academia Dominicana de la Lengua (ADL).  

A propósito de las cananas provenientes del occidente de la isla de Santo Domingo, en su más reciente novela, “Cuando gemía la Patria” (Editorial Horus, Santo Domingo, 2025, 356 páginas), Pereyra retoma el tema histórico, los padecimientos por la ocupación haitiana de 1822 a 1844 y las luchas para la separación del vecino invasor y la independencia de la República Dominicana. La reseña bibliográfica de Cuesta dice que “la narración desvela los secretos de una época determinante que forjó el carácter de una nación, invitándonos a ser testigos de la valentía, la astucia y el espíritu de aquellos que soñaron con la libertad”. Es excelente antídoto contra el amargo recuerdo de Dessalines y Christophe. “Barbari assetati di sangue!”. 

Cuántos cuentos… 

Rafael Peralta Romero (Miches, 1948), director de la Biblioteca Nacional y miembro de número de la ADL, realizó en 2025 una proeza editorial en un mercado con menos lectores que escritores: añadió en apenas diez meses cuatro nuevos títulos a su extensa obra literaria que ya incluye 26 publicaciones, once de cuentos, seis novelas, cinco colecciones de versos y cuatro ensayos. “Cuentos libres” (Editorial Santuario, S. D., 2025, 121 páginas) encabezó en enero su procesión de libros, que han tenido buena aceptación en la prensa y en sus ventas, confirmando el juicio que el siempre recordado José Rafael Lantigua (Moca, 1948-2025) expresara sobre este laureado autor: “Peralta Romero es un narrador viripotente, sensible, sagaz, con un muy particular dominio del oficio”. El abogado y poeta Leopoldo Minaya (Nagua, 1963) opina que, en estos 24 relatos, los personajes poseen gran raigambre popular: “prostitutas, funcionarios, estudiantes, comerciantes, amantes indecisos, padres confundidos, todos hablan con voces reconocibles, como si hubiesen salido de calles y bares de cualquier pueblo dominicanos…”.  

Las otras tres publicaciones por Peralta Romero incluyeron en octubre pasado “Reformas a la Constitución Política Dominicana” (Editorial Gente, S.D., 2024, 745 páginas), un notable ensayo acerca de las cinco modificaciones a la Constitución realizadas entre 1994 y 2024, en colaboración con su hermano el abogado Antoliano Peralta Romero (Miches, 1954), actual ministro de Justicia y exconsultor jurídico del Poder Ejecutivo de 2020 hasta 2025. Siguió en junio “A la orilla de la mar” (Loqueleo/Santillana, S.D., 2025, 114 páginas) con diez cuentos infantiles prologados por Lucía Amelia Cabral, una reimpresión de la primera edición de 2011 que ganó el Premio Anual de Literatura Infantil. Cabral opina que el escritor es “dueño victorioso del ritmo narrativo que nunca pierde ni se arremolina”. Y en agosto, el fecundo Peralta Romero publicó su “Diccionario de gentilicios dominicanos” (Santuario, S.D., 2024, 189 páginas), obra inédita bien ponderada por el lingüista Bruno Rosario Candelier (Moca, 1941), presidente de la ADL, creador del Movimiento Interiorista y presidente del Ateneo Insular. 

Cuántos consejos 

Ojalá haber cumplido con este de mi querido compatriota y colega Indro Montanelli (Florencia 1909-Milán 2001), el más notable periodista italiano del siglo XX: si escribes sobre libros evita cualquier pretensión de pontificar, no seas pretenciosa y favorece la buena literatura. También decía, “in Italia i regimi passano, i cretini rastano…”. Allá, allá…