Yo soy yo y no alguna otra…
De carne, alma y poesía en la literatura contemporánea
Vine a llevar esta fiesta en paz. Jamás a vituperar a nadie ni nada (cuestión de crianza). Mucho menos a renombrados doctores en literatura con celebrados méritos y fabulosa obra. ¡Quieto Bobby! Sólo en Peyton Place u otro “pueblo chico, infierno grande” puede la aparición de alguna nueva articulista —¡desconocida!— incordiar a cualquier consagrado escritor que ha defendido la alteridad. Como dijera don José Ortega y Gasset en 1914 en sus Meditaciones del Quijote, soy también mi circunstancia, y “si no la salvo a ella no me salvo yo”. ¡Paz y amor! Sono veramente frastornata!
Gran corazón
El eminente cardiólogo César Herrera, que posee similar fama literaria bajo su “nom de plume” Jochy Herrera (Santiago, 1958), presentó hace pocos meses Carne y alma. Imágenes de la corporalidad (Huerga & Fierro, Madrid, 2025, 288 páginas), prologado por el galeno estadounidense Francisco González-Crussí (México 1936), profesor emérito de Northwestern University y eminencia internacional en la literatura médica, quien opina que Herrera “no concede tregua ni pausa, enfrentando al lector con las paradojas e incógnitas consustanciales al cuerpo humano”.
Herrera es considerado por sus mejores colegas del ambiente editorial como un ensayista de notable erudición. Sus meditaciones obligan al lector inteligente y consciente a reflexionar sobre cómo la ciencia ofrece otra visión de la literatura, las artes y la filosofía.
Desde 2009, tras su regreso a Santo Domingo luego de tres décadas de exitosa carrera médica en Chicago, Herrera ha publicado al menos cinco libros, entre ellos Fiat Lux, sobre los universos del color (Huerga y Fierro, Madrid, 2024, 178 páginas), galardonado con el Premio Nacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña. La facilidad con la que Herrera imbrica de manera armónica y lúcida sus explicaciones médicas y biológicas, artísticas y sociológicas, literarias y prácticas, hacen igualmente fácil el encomio y la recomendación de abrevar en la fuente de su sapiencia. “Avere un cuore d’oro è una benedizione!”.
Gran profesor
Mi madre, de orgullosa raigambre cibaeña y próxima a su centenario llena de vida, debió convencer a mi padre, toscano-estadounidense, de que mi nombre no es un invento dominicano ni una deformación de otro antropónimo. Papá tenía dudas porque nuestro apellido Bragui, conocido desde el siglo XII en Florencia, fue originalmente Brogi hasta que sus abuelos emigraron a Nueva York a fines del siglo XIX. En Ellis Island un escribiente de origen filipino convirtió Brogi en Bragui y así se quedó. De Harlem, donde casaron en 1949, regresaron a Italia en 1968 tras un breve paso por Santo Domingo y Pimentel.
Las dudas de lectores acerca de si mi nombre es un seudónimo ha dado risa a mis hermanas, que conmigo somos siete como las Pléyades (con mayúscula porque en minúsculas el Diccionario define una pléyade como “grupo de personas famosas, especialmente en las letras, que viven en una misma época”). No famosas, pero somos…
Uno de mis mentores, el recordado profesor Gianfranco Contini (Domodossola, 1912-1990) padeció invectivas de malos poetas franceses poco después de 1971. Explicó en el aula que, en todas las ciencias y artes, los enfoques y criterios actuales usualmente se imponen sobre los anteriores. La validez de postulados previos casi nadie los cuestiona mientras son verdades convencionales, como ocurrió con Benedetto Croce (Pescasseroli 1866 - Nápoles 1952), muy celebrado en el apogeo de sus modelos filosóficos. Pero no todas las novedades se popularizan. Sin embargo, igual que otros grandes maestros que he citado antes, la gran mayoría de los críticos que conozco concuerda en que, en la literatura, lo relevante son la creación y la capacidad de la lectura para motivar cambios personales o sociales. Lo que cualquiera emotivamente opine sobre alguna recién llegada importa poco o nada. “A ciascuno il suo”.
Gran crítico
El distinguido profesor Néstor E. Rodríguez (La Romana, 1971) publicó en julio pasado su más reciente obra, una compilación con estudio preliminar cuyo título explica el contenido: El arca: poesía dominicana del siglo XXI (Editorial Elefanta, Ciudad de México, 2025, 256 páginas). Rodríguez enfoca la reciente poesía dominicana, relativamente desconocida en ambientes académicos y editoriales de lengua hispana. Entre los 30 escogidos, incluidos varios del siglo XX, están Soledad Álvarez, José Mármol, Norberto James, Martha Rivera, León Félix Batista, Marcos A. Blonda, Homero Pumarol, Rey Andújar y Frank Báez, todos valiosos y dignos de tomarse en cuenta.
Su ópera prima fue Animal pedestre (Terranova, San Juan, 2004, 60 páginas), ganadora del premio Poesía Joven del diario El Nuevo Día de Puerto Rico, donde Rodríguez residió y estudió. También escribió El desasido (Billar de Lucrecia, México, 2009, 60 páginas) y Limo (OrganoGrama, Río de Janeiro, 2018, 136 páginas), edición bilingüe con traducción al portugués por los poetas brasileños João Moura Fernandes, Alexandre Bruno Tinelli y Lucas Viriato.
Rodríguez es doctor en literatura latinoamericana por Emory, prestigiosa universidad de Atlanta fundada en 1836; profesor de literatura en la Universidad de Toronto y autor de notables ensayos, entre ellos La isla y su envés: representaciones de lo nacional en el ensayo dominicano (Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan, 2003, 59 páginas), que ganó el Premio Concha Meléndez de Crítica Literaria; Escrituras de desencuentro en la República Dominicana (Editorial Siglo XXI, México, 2005, 144 páginas), que recibió el Premio al Pensamiento Caribeño en México y fue también publicada en inglés por la Universidad de Toronto. Aparte de su libro Crítica para tiempos de poco fervor (Banco Central, Santo Domingo, 2009, 160 páginas), son notables sus ensayos críticos publicados en el diario digital Acento. Sin dudas, Rodríguez merece atención seria de los lectores. “Dopo il taglio, l’erba non è più verde…”.
Gran Gabriel
Por la gracia y grandeza del bellísimo español, puede decirse que tres grandes autores en lengua inglesa y una francesa constituyen una particular pléyade de la excelencia, aunque hayan vivido en épocas distintas. Se trata de Eric Arthur Blair (Motihari, India 1903-Londres 1950), Samuel Clemens (Misuri 1835-Connecticut 1910), Charles Dodgson (Daresbury 1832-Guildford 1898) y Amantine Lucile Aurore Dupin de Francueil (París 1804-Nohant-Vic 1876), quienes son mejor conocidos respectivamente como Mark Twain, George Orwell, Lewis Carroll y George Sand. Para cerrar con un quinteto de gigantes, como en el baloncesto en que ningún enano juega, recordemos al fraile mercedario Gabriel Téllez (Madrid 1579-Almazán 1648), residente en Santo Domingo cuando el gran terremoto de 1614 y sus 42 días de réplicas, cuya fama literaria la mereció siendo Tirso de Molina.
Mi hermana Alcíone, siempre brillante y ocurrente, recordó haber leído en un diario dominicano en la década de los ‘80 una carta de un autor negando su propia existencia, pero olvidó quién fue. Díganme ahora, Don Gil de las Calzas Verdes ¿es de Téllez o de Tirso?
Gran boricua
A veces un bello nombre sucumbe ante el imperativo del acostumbrado apodo. Es el caso de la distinguida política feminista y escritora Luisa Angélica Sherezade Vicioso Sánchez (Santo Domingo, 1948), que es ampliamente reconocida como Chiqui Vicioso. Quizás, si me llamase Sherezade, o escribiera como ella, nadie dudaría que existo… Esta autora es una aguerrida polemista, entre cuyas principales obras está su inolvidable serie sobre un “crítico en su laberinto”, en la prensa dominicana.
A principios del pasado año comenzó a circular la segunda edición de su libro La tristeza sin fin de ser poeta (Editora Nacional, S.D., 2024, 268 páginas), publicado por el Ministerio de Cultura como homenaje a la puertorriqueña Julia de Burgos (Carolina 1914-Nueva York 1953), de cuyo poema Canción amarga fue tomado el verso que titula la obra, que reúne los trabajos de un seminario sobre el centenario de su nacimiento, en el 2014. La antología curada por Vicioso incluye interesantes ensayos propios. Resalta la profundidad del pensamiento de vanguardia de Burgos, reducida tradicionalmente a trágica figura del nacionalismo boricua o triste protagonista de un tórrido romance con el intelectual Juan Isidro Jimenes Grullón (S.D. 1903-1983), cofundador con Juan Bosch (La Vega 1909-S.D. 2001) y otros del PRD en La Habana en 1939. El libro hace justicia a la estatura intelectual de Burgos, cuya intensamente vivida existencia reseña.
Vicioso es socióloga por Brooklyn College, magíster en educación por Columbia University y administradora cultural por la Fundación Getulio Vargas. Desde 1981 ha publicado al menos siete obras en los géneros de poesía, ensayo y teatro, entre ellas Wish-ky Sour, pieza teatral ganadora del Premio Nacional de Teatro 1997. También ganó el Caonabo de Oro en 1988, de la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores (ADPE), y otros reconocimientos.
Grandes sabios
El cardenal germano Nicolaus von Kues (Cusa 1401-Todi 1464), gran matemático y precursor de la filosofía alemana en los albores del Renacimiento, es a veces citado erróneamente —quizás sin haberlo comprendido— para lesionar a algún adversario intelectual, pues una de sus muchas cartas trata sobre una “doctrina de la docta ignorancia”. Pero ¡ah caray! ¿será ese tiro por la culata igual que acusar de ignorante a quien profese —habiéndolo leído— admiración por Sócrates? (Alopece 469-Atenas 399 a. C.) Muchos fanáticos de ideas unívocas raras veces admiten sus naturales limitaciones ni aceptan nuevos planteamientos. Me recuerdan a algunos primitivos, procurando deidades del inframundo en cuevas distintas a la de Platón (Atenas, c. 426-347 a. C.). Yo, diminuta Mírope, según dije al comenzar, prefiero la miel a la hiel, igual que el muy educado (“most civil” dicen en Londres) director de este gran diario. “Lo so di non sapere!”, decimos en Roma. ¡Paz y amor!