Umberto Eco en la comunicación

La falsa equivalencia entre la opinión y el conocimiento en la era digital

El literato y profesor de comunicación visual, Umberto Eco, dijo una verdad tan irrefutable como la certeza misma de quienes inventaron la internet y la Inteligencia Artificial (IA), que con sus descubrimientos tecnológicos colocaron a la humanidad en otra dimensión de desarrollo.

El pensador italiano lanzó una idea tan lúcida como sus obras, cuando proclamó que “las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Eran silenciados rápidamente, mientras que ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas.”

No imagino a los idiotas aludidos por el Premio Nobel de Literatura, encima de un taburete en los tiempos del Santo Domingo colonial “filosofando” ante una multitud respecto de temas complejos. 

Es relevante retomar la reflexión que Umberto Eco hizo el día que recibió el doctorado Honoris Causa en la Universidad de Turín en junio de 2015. Sus ideas acerca de cómo se preserva la calidad del debate público en una sociedad donde también hay que proteger el derecho de expresarse, publicar y llegar a millones de personas. Su punto de vista hay que tomarlo como referencia para el debate sobre la libertad de expresión, la responsabilidad en las redes y el valor del conocimiento. 

(Defiendo el derecho citado por el también premio nobel de literatura, José Saramago, cuando afirmó que “el ser humano no recibió el don de la palabra para ocultar su pensamiento”).

Eco, por tanto, no negó la utilidad científica del internet. Por el contrario, lo utilizó por años para investigar y escribir, como lo hacemos todos en estos tiempos. En las plataformas digitales cualquier opinión o información, primero alcanza una masiva audiencia, antes de que sea confirmada. 

El italiano enumeró una serie de factores como la desaparición de los filtros tradicionales que aseguraban que una noticia falsa lanzada al ecosistema digital generará dudas o pánico a la audiencia.         

No pocos hacedores de contenidos de plataformas digitales carecen del rigor profesional para contrastar la información que reciben. En ese espacio, una afirmación respaldada por evidencia puede aparecer con el mismo peso visual que una especulación o una falsedad. Y ni referirnos a la manipulación de titulares

Hay una falsa equivalencia entre opinión y conocimiento. A eso se refería Eco. El idiota asiduo del bar al que él aludía tiene todo el derecho a opinar, pero no es ese el sujeto al que los investigadores acudirían para consultar sobre la mecánica cuántica o acerca de la carrera aeroespacial. 

El pensamiento estrecho contrasta hoy con el crítico o complejo. Las plataformas amplifican a quienes las usan para evidenciar sus carencias y frustraciones, convirtiéndo este extraordinario espacio en el callejón de Pucha, un vecindario del que se disparan las más vergonzosas palabrotas e intimidades familiares, rumores, teorías conspiranoicas y noticias falsas.

A lo que Eco temió fue al hecho de que el prestigio de la investigación quedase diluido en un marasmo de opiniones igualmente visibles. Su postura al rechazar el disparate frente al conocimiento no lo coloca como elitista. 

Defendió la democratización del acceso a la información, pero advirtió que democratizar la posibilidad de hablar no significa que todas las afirmaciones tengan el mismo valor epistemológico. Las mismas figuras que utilizan el ecosistema digital para insultar con campañas de desinformación coordinadas, son las que se benefician con la falta de sanciones y todo lo que deriva del desorden.                      

Si el manto amplio de la impunidad sigue arropando a quienes difaman, injurian y utilizan el chantaje extorsionista, lo lamentaremos, pero posiblemente sea tarde.