Encuentro en Bella Vista

La ciudad de Santo Domingo vista a través de sus calles o lugares emblemáticos

Un barrio con “sello de fábrica”, que combina restaurantes, comercios y el acceso al Parque Mirador del Sur. (Diario Libre/Eddy Vittini)

Las calles capitalinas se transforman ante nuestros ojos como si se tratara de un inmenso caleidoscopio urbano. Una calle que tenía tal o cual nombre ahora se llama de otro modo. Estos cambios se suceden en la medida en que las autoridades conciben un nombre más funcional o para honrar la memoria de algunos. Para apreciar cada una de las calles, se necesita una mirada asombrada por la belleza. Para citar un solo ejemplo, podemos hablar de la Calle Primera de Bella Vista que ahora lleva el nombre de Eduardo Vicioso, un importante luchador antitrujillista.

Como sabrán todos los que pasaron por allí en la década de los noventa, se trata de la otrora Calle Primera. Queda entre la Sarasota y la Bolívar que, como se sabe, luego adquirió el nombre de Rómulo Betancourt. Las calles tienen personalidad propia: lo mismo sucede con los sectores. Si nos fijamos bien, Bella Vista tiene un “sello de fábrica” con esta calle, lo mismo que ocurre con otras partes de la ciudad: los sectores tienen sus lugares protagónicos. Para ponerle música, puede decirse que esta zona canta frente a nosotros cierto tipo de música, quizá algo de Christopher Cross o, para ir más a tono, algo de Snap, Rhythm is a dancer.

Todos sabemos que luego de pasar por la calle Primera, o  Vicioso, se llega de manera asombrada a la Sarasota. Por aquí se llega al Parque Mirador del Sur. La calle brinda una especie de íntima lectura de la zona: árboles que esperan que los citadinos que se ejercitan cumplan con un programa de caminatas plausibles, gente atiborrada en restaurantes que dan el toque distinguido y comercios que sirven para entender que por aquí hay movimiento.

Si el lector viaja a esta zona, descubrirá que la calle Primera de Bella Vista da a la transitada Doctor Defilló. Justo en la esquina de la Rómulo Betancourt con Defilló había un celebrado Colmado Dumé de la época (al lado de los transformadores). Al frente de la casa de un diplomático, habitaba un Supermercado Pola que visitábamos de vez en cuando. A su ritmo, este sitio nos brindó la experiencia de la tarde o de la mañana: la lectura del moderno poeta y verdadero escritor criollo, Enriquillo Sánchez, autor de Maguita. Abríamos el periódico en su columna Para uso oficial solamente, en un recordado periódico El Siglo, al que llegábamos de manera intensa y apresurada. Trabajamos en el atiborrado archivo con la presencia de un capaz grupo de periodistas criollos. Es cierto que en ese archivo se podían leer, de la manera más inequívoca, las últimas versiones de un país que hacía del periodismo un refugio de la memoria y un recurso claramente democrático.

Pero volvamos a Bella Vista y al Colegio San Juan Bautista. Aquí es donde algunos votamos. Aunque ya no vivimos en esa zona, siempre votamos allí porque nos da cierto temor cambiar de colegio electoral. En la actual cédula, ya sacada bien temprano, dejamos la misma dirección. Iremos a votar al mismo sitio: el Colegio San Juan Bautista que, en las últimas elecciones, se abarrotó de gente.

En los noventas del pasado siglo, Bella Vista se vestía de otros colores. Estos daban cierta paz y calma a los habitantes. Recuerdo de aquella época, haber leído la importante frase atribuida a John Lennon: “La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes” que popularizó en su canción Beautiful boy, del año 1980, dedicada a su hijo Sean.

Considerando la escenografía, Bella Vista era El Caco, establecimiento de venta de hamburguesas. Más al norte, en la otra calle cuyo nombre no memorizo, había una clásica banca de apuestas: Yankees versus Colorado. Este último equipo debía ser puesto a más por su gran capacidad de anotar carreras. Consideramos que hay que hacer una clara historia de las apuestas en Dominicana: alguna novela que aborde el importante tema, tan propicio en estos días en que el béisbol permanece como un notable refugio de los dominicanos.

Cuando no lo hacíamos en El Nacional de la Lincoln, con bastante asiduidad, leíamos el periódico en una cafetería del Pola de esa Sarasota que muchos recuerdan. Por las mañanas, ir al Mirador era ver al nonagenario caudillo Balaguer caminar acompañado de militares y de una alta comitiva política y estratégica. Venían desde Gazcue, en la Máximo Gómez número 25, donde queda la casa del Doctor.

Si recapitulamos, Bella Vista tenía entonces pocas torres: casi ninguna. Unos apartamentos esparcidos aquí y allá, nada más que eso. En la esquina de la Defilló con la calle citada más arriba, un establecimiento hacía de las suyas. A media noche, llegaban los bailadores que venían a este lugar desde la Guácara Taína, donde algún español le exigía a una compañera que fuera más efusiva en la manera de acariciarlo, según sus palabras.

Simple como todo lo que puede ser trascendente: es de entender que nuestra amiga Carmen, una hermosa española de ojos azules, caminaba desde el Hotel Dominican Fiesta hasta la PUCMM. Intentaba llegar a unas clases, con todo el sudor característico de tanta caminata; no al estilo Balaguer, sino al suyo.

Algunos arquitectos y urbanistas citadinos lo han descifrado: se puede narrar el mundo de la ciudad de Santo Domingo a través de sus transitadas o pacíficas calles. Es lo que hacen Arva Moore Parks y Carolyn Klepser para Miami, The Magic City. Estas notables historiadoras narran la historia de Miami con las fotografías de edificaciones y nostálgicos lugares como Coconut Grove, el Jackson Memorial Hospital o el Hotel Biltmore.

Siempre he pensado que lo que hicieron Arva Moore Parks (véase, George Merrick, Son of the South Wind: Visionario Creador de Coral Gables), y Carolyn Klepser pudiera hacerse aquí en determinados puntos o barrios capitalinos. Lo cierto es que se llega a la conclusión de que todo marcha de la manera correcta, a la par que en cada sector hay algún rasgo citadino que muchos celebran. Bella Vista se convierte ante nuestros ojos en una especie de esqueleto de la nostalgia. Vale la metáfora: nos permite ver lo que ocurrió en una época lejana, pero ahora recobrada. Los habitantes de esta zona conocen muy bien el sentido de que en El Caco o en la Marqueta ahora el tránsito de personas es mayor, ya bien sea en sábado de “bemberria” o en domingo escatológico.

Narrar la historia de la capital amerita una buena investigación de las intensas dinámicas que acompañaron a los amables sectores que se fueron constituyendo: Naco, por aquí; Piantini, por allá, con sus personalidades únicas. Seguiremos con el tema.

El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.