Antes de la Revolución de Abril
La caída de Trujillo y el difícil camino hacia la democracia
La muerte de Trujillo en 1961 no significó el derrumbe inmediato de la dictadura, pues la conspiración política del 30 de Mayo fue exitosa solo en su primera fase, toda vez que la segunda etapa —consistente en derrocar al gobierno trujillista— no se pudo ejecutar debido a una serie de desajustes y contingencias que alteraron el curso de los planes tiranicidas.
De hecho, Ramfis Trujillo, sus tíos, Héctor Bienvenido y José Arismendy, junto con la alta jerarquía militar del gobierno y algunos de los intelectuales orgánicos que conformaban la superestructura política, actuaron con sorprendente rapidez y eficacia, evitando de esa manera el derrumbe de la maquinaria dictatorial.
Con el fin de concitar el respaldo de la administración Kennedy, el gobierno encabezado por el binomino Ramfis-Balaguer desplegó una estrategia de apertura política, permitiendo el regreso de conspicuas figuras del exilio, al tiempo que las circunstancias propiciaron un ambiente proclive al surgimiento del partidismo político.
Hacia 1961 la República Dominicana exhibía notables transformaciones en diferentes ámbitos. La población superaba los tres millones de habitantes; la división territorial y política del país había cambiado considerablemente y, de doce provincias existentes en 1930, ahora, en 1961, el país contaba con 25 demarcaciones provinciales y un Distrito Nacional.
De igual manera, se habían producido importantes cambios en materia de infraestructura vial a fin de conectar diferentes regiones del territorio nacional que ya no estaban tan aisladas, como en los tiempos que precedieron a la Primera Ocupación Militar Norteamericana de 1916. Esta circunstancia posibilitó un mayor intercambio comercial y social entre los pueblos del interior del país. Y a despecho de que la mayor parte de la población vivía en zonas rurales, lo cierto es que, tras la eliminación física de Trujillo, el país entró en un acelerado proceso de urbanización, industrialización y modernización en el marco de una emergente sociedad abierta.
Bajo un gobierno colegiado y de transición, llamado Consejo de Estado, en diciembre de 1962 se celebraron elecciones presidenciales, resultando electo por abrumadora mayoría el profesor Juan Bosch, entonces máximo líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
Bosch se juramentó como presidente constitucional el 27 de febrero de 1963. Se trató de un extraordinario acontecimiento político debido a que, por primera vez, en poco menos de cinco décadas, los dominicanos habían elegido libremente al primer mandatario de la nación. Lamentablemente, ese experimento democrático apenas duró siete meses; pero, durante un lapso tan breve la nación experimentó importantes conquistas en el terreno de las libertades públicas.
Una de las primeras disposiciones del gobierno de Bosch fue impulsar la redacción de una nueva Constitución Política, que resultó ser la más liberal del siglo XX dominicano. El 29 de abril de 1963 el Congreso Nacional, en funciones de Asamblea Revisora, proclamó el nuevo Pacto Fundamental de la nación, que entró en vigor en el mes de mayo.
Indudablemente, la Constitución de 1963 fue novedosa, lo mismo en su forma que en su contenido. Algunos especialistas consideran que la generalidad del pueblo no estaba del todo preparada para un texto constitucional liberal que, por ejemplo, determinó la elección de los jueces a través del Senado, y no por voluntad del mandatario de turno; fijó el período presidencial en cuatro años; prohibió la reelección inmediata; proclamó la libertad sindical y el derecho de los campesinos a la tierra; prohibió el latifundio y estableció la plena vigencia de los derechos humanos y de las libertades públicas. Continuará…