El Mirador del Sur: ¿es otro Central Park?
La protección ambiental del Mirador del Sur nos compete a todos: los que vamos a un sano esparcimiento y los que tienen como compromiso su cuidado y mantenimiento
Nueva Yol chiquito
Conozco gente que viene de otras partes de la ciudad. Uno hubiera creído que los únicos que venían a este Mirador Sur son gente de Bella Vista, Los Cacicazgos, La Anacaona u Honduras. Como vemos, comienza en la Winston Churchill y llega hasta la Luperón. Para pasar un rato agradable, mucha gente de toda la capital viene en sus autos y yipetas, se parquean y comienzan a caminar por aquí, o a montar en bicicletas baratas o caras (¿más caras que baratas?). Como es bien sabido, la mayoría de las personas que vienen aquí lo hacen por asuntos de salud: caminar es muy saludable.
Gente de toda la capital conoce este sitio que ciertamente no nos dará el mote histórico de Nueva York chiquito. Sin embargo, cada día son más los que creen que este lugar es un pulmón citadino como ocurre en Nueva York con el Central Park. Una persona “experta en New York” me decía una verdad que no a todos les gusta: en New York hay zonas feas como decir algunas esquinas de la calle Duarte, por ejemplo. Claro, uno llega a la conclusión de que nuestro Mirador es bonito si se cuida, algo que otros denuncian que no se hace con la intensidad requerida. Sobre esto, algo que creo es que no es del todo cierto si vamos a ver que en el Parque hay brigadas de limpieza, algo que de seguro fue vislumbrado por las muy profesionales autoridades del Ayuntamiento. Nos dan un excelente parque a todos.
Las caminatas del Doctor Balaguer
Los que vivimos en Bella Vista en un largo tramo de la década de los noventas vivimos en carne viva la noticia de las mañanas: el Doctor Balaguer (con sombrero puesto: ¿era de fieltro negro?) se aprestaba para dar sus históricas y recurrentes caminatas en el Mirador del Sur. Como no se sabe todo, ignoro cuándo fue que se le dio el título de la Avenida de la Salud, pero creo que fue por esos años. En las temporadas electorales de aquella época, cuando había mítines, uno ponía en el suelo de la terraza las fotos aéreas de los mítines reformistas, peñagomistas y morados a ver quién tenía más gente de todos. Ahora con drones sería mejor; antes eran helicópteros contratados o del mismo gobierno quienes tiraban las fotos. En la mañana, las caminatas de una tía eran estratégicas: la chercha del momento era ver la comitiva que acompañaba al Doctor Balaguer en sus saludables caminatas por el Parque, a los noventa años o algo por el estilo. En los periódicos de la época se hicieron crónicas sobre estas caminatas.
Los viernes de la Guácara Taína
A inicios de los noventas del pasado siglo, era notorio que la gente se apiñara en la entrada de la Discoteca La Guácara Taína, que competía entonces con Neón, Stringfellow y Euroclub (antes, Tops) y Café Atlántico. Como si monitoreáramos la noche toda como una doncella, (con el truco de no pagar entrada en ninguna parte), algunos hacíamos un recorrido por todas las discotecas de la capital. Las recorríamos en una misma noche, en unos pocos minutos, sondeando el momento de aquellos establecimientos que hicieron historia y la Guácara, sin lugar a dudas, fue uno de ellos.
En un plano secuencial, hay una sensación limítrofe en la historia de la Guácara: uno entraba y no quería mesas, sino estar de pie frente a la pista de baile, en un lugar donde se podían ver las estalactitas taínas. Pese a lo que se podría creer, el ruido no dañó aquellas construcciones de la naturaleza. Luego de la cerveza, los que íbamos a Neón nos deteníamos en este sitio, y un español le preguntaba a una de sus acompañantes si ésta le debía demostrar más cariño con la pasión que se desataba con toda la música de la discoteca.
El maremoto capitalino
Para recurrir a la memoria intergeneracional, todos recuerdan la fecha por allá por los dos mil (2000), cuando ocurrió una noticia inesperada: un temido maremoto vendría a Santo Domingo en lo más alto de la noche capitalina. Temerosa por el anuncio, la gente salió disparada de sus casas hasta llegar al Mirador por ser este el punto más alto de la ciudad (en caso de que así fuera). Como si hubiera llegado el final del Mundo, los autos tocaban bocina en el clamor de la acelerada estampida nocturna, a lo que un iniciado decía que los maremotos no se producían así de manera tan medalaganaria. En pocos minutos, el Mirador del Sur se abarrotó de gente. La gente temió que el mar entrara a la ciudad. “¡Viene por San Pedro!”, fue un clamor nacional en esa fatídica noche.
Los ciclistas y los atletas del Mirador Sur
Bien promocionado por las autoridades como Avenida de la Salud, hoy en el Mirador podemos ver gente que viene a caminar (uno de los ejercicios más completos que se pueden hacer según la ciencia), o a montar bicicletas o a trotar de buenas a primeras. Por el fruto que ofrece, la gente defiende su parque, aunque este no siempre está tan lleno de gente como el Central Park de Nueva York, según los conocedores. También habría que medirlo en la distancia recorrida y por recorrer, algo que podría hacerse con ayuda de algunos especialistas y geólogos. La gente arriba con el ánimo de ponerse más fit y de paso alegrarse por la naturaleza.
Un concierto nocturno de rock
Para que se vea que sirve para mucho, recuerdo haber ido a un concierto de rock en los noventas en este Parque Mirador Sur. Uno se pregunta si en el Malecón se harán conciertos, algo que no estaría alejado de la sensación de utilidad que se le ha dado en las últimas semanas. Como muchos recuerdan, la gente se abarrotaba para cantar junto a los rockeros nacionales. Claro que era otra época, podríamos decir. Varias décadas después, los conciertos toman escena en otro lugar y es de entender que algunos de estos encuentros multitudinarios podrían maltratar la zona, aunque el visitado por quien escribe se dio en la vasta zona del parqueo. ¡Mucha salud para los usuarios y visitantes del Parque Mirador Sur!