Diario de a bordo

Hay que detenerse en el tema del arroz dominicano

La mirada política y económica frente a las tensiones del mercado. (shutterstock)

Sonaba en la radio argentina la canción de Ana Belén, Arde París de su álbum de 1989 Rosa de Amor y Fuego. En días de inestabilidad social en Europa, esa misma de Arde París? de Dominique Lapierre y Larry Collins, entrar en la música es algo que le ocurre a uno con frecuencia. Este libro, que leí en los noventas, está construido con una narrativa vertiginosa que monitorea la salvación de París por los aliados en los días de agosto de 1944. Fue un libro de rápida lectura como ocurre con obras de Scott Fitzgerald, James Patterson y tantos otros. 

Poner el disco a la hora indicada, trazar las directrices de lo que se escuchará en la noche, la apertura infinitesimal de un día venidero, el eco de una estampa sideral: algo que ocurre solamente cuando elegimos algo que nos lleva por otros vericuetos y hacia el pasado. Me ocurre con «Jump», de Van Halen lanzada en 1984, que me trae a la memoria a mi querido primo R. Kesting —ya no tan pequeño, sino director de una escuela en Baltimore—. Claro, me podría decir alguien: «la música es todo». De esa manera retornamos a algunas canciones del rock más desatado. 

Hay lugares que debieron tener música: por ejemplo, el mercado binacional de Haití con República Dominicana no tenía música cuando fuimos. No era un carnaval. Entré en él en compañía de nuestro guía al volante. Me dije: “este es el momento para comprar estos jeans de esta marca famosa”. Y lo hice: la señora haitiana que me los vendió no entendió ni mi pobre francés ni mi español. Hicimos el trueque como habrán hecho los seres históricos de otras etapas. El primer intercambio comercial de la historia de América (el llamado rescate o trueque inicial) ocurrió exactamente el 12 de octubre de 1492 en la isla de Guanahaní (Bahamas).

Esto quedó cronometrado en el Diario de a bordo, de Colón que ha sido rastreado fielmente por la Universidad de Valencia. Lo que dice el diario: «Y nos traían papagayos e hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que les dábamos, como cuenticillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad». Debo corregirme: en mi caso de la frontera con Haití no fue un caso de trueque sino de mera compra.

Y me trae a la memoria este recuerdo de algunos indicadores, ahora escuchando a Silvestre y la naranja: “tratemos de pasarla bien”, como lo hicimos en el mercado binacional. Comprar ahí fue una experiencia intensa.

Hace unos días, Hipólito Mejía, abordando el tema del arroz, hizo un video antes de su partida al extranjero en donde éste expone que no hay que tener miedo: esto pasa rápido. Antes, Leonel Fernández había emitido sus juicios sobre el DR-CAFTA. Es necesario entender, como en esa canción de Tears For Fears, que «Everybody Wants to Rule the World». Para los economistas, podemos controlar lo que ocurre en nuestro mercado. Se han levantado las voces agoreras y el gobierno —despierto, solicito, con los pies en la tierra—, nos ha dado muestras de dominio sobre el tema conversado. Podemos decir que ha habido muchas críticas sobre este tema.

Antes de la Navidad, el DR-CAFTA será administrado con conciencia y será analizado de manera abierta. Es lo que esperamos. Dice Virus en Sin Disfraz, “por un minuto abandono el frac”.

Con años de esfuerzo, la haitiana que le vendió el ron a mi guía por la frontera nos sonrió al realizar su venta. Nos parece que todo marcha bien: no es cierto que allí se venda poco: hay de todo. Así se espera que estén las mesas dominicanas a fin de año: bien abastecidas. Ahora analizar el PIB y, la inflación será argumento futuro: lo que exclama el economista luego de pensar en lo que viene.

Deseamos estabilidad para toda Europa. Good luck!

El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.