La RD mira hacia Venezuela
Los gestos calculados de la política exterior dominicana
No es casual que la República Dominicana haya iniciado un acercamiento gradual a Venezuela. En diplomacia, los gestos rara vez son improvisados. Responden a lecturas finas del entorno internacional, a señales que llegan de Estados Unidos, pero también -y esto es clave- a la dinámica interna venezolana, que empieza a mostrar movimientos que hace apenas unos años parecían imposibles.
En Venezuela se verifica un cambio. No es lineal, no es completo, y su resultado final sigue siendo incierto. Pero existe. Se percibe en la conversación política y en un contexto internacional menos dispuesto a sostener bloqueos estériles sin salidas claras. Nada de esto garantiza una transición democrática plena, pero sí abre rendijas que conviene observar de cerca.
Ahí entra la lógica dominicana. No se trata de avalar ni de legitimar, sino de estar presentes. La ausencia no influye; la presencia, bien calibrada, sí. La política exterior es un ejercicio de intereses estratégicos con principios, no de pureza moral.
Estar en Venezuela hoy significa acompañar, observar, conversar y, cuando sea posible, influir. Reforzar -con prudencia- una deriva democrática que apenas comienza a avizorarse. Apostar a que los cambios, si han de darse, encuentren aliados atentos y no espectadores distantes. En política internacional, llegar tarde casi siempre equivale a no llegar.
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