Interés nacional y pragmatismo

Entre la diplomacia y la dependencia, el dilema de la política exterior dominicana

Llamémosle coincidencia estratégica, valores compartidos o simple conveniencia geopolítica. Lo cierto es que la política exterior dominicana sigue orbitando, casi de manera inevitable, alrededor de los Estados Unidos. No es un fenómeno nuevo ni necesariamente inexplicable. La cercanía geográfica, la interdependencia económica, el peso del comercio, las remesas y el turismo han tejido un vínculo difícil de ignorar.

Durante décadas, el país ha acompañado posiciones de Washington en foros multilaterales y en debates regionales, muchas veces por afinidad, otras por cálculo. Ese alineamiento puede entenderse dentro de una lógica pragmática: las naciones pequeñas rara vez se permiten el lujo de la política exterior puramente doctrinaria.

En un mundo cada vez más fragmentado —donde las potencias compiten por influencia, mercados y aliados— los países medianos y pequeños están obligados a afinar su capacidad de lectura estratégica. No se trata de desafiar a nadie, sino de identificar, aunque sea a tientas, el interés nacional.

Ahí reside la diferencia entre diplomacia y dependencia.

La República Dominicana tiene razones legítimas para mantener una relación sólida con los Estados Unidos. Pero esa cercanía será más saludable si se construye sobre la base de intereses más claramente definidos. Para comenzar, equilibrar —y explicar— lo que se recibe a cambio de lo que se da.

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