Abinader en la OCDE
Estabilidad y exigencia, las claves de la visita presidencial a la OCDE
La visita del presidente Luis Abinader a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), es, en esencia, una declaración de aspiración: la República Dominicana quiere jugar en otra liga.
Ingresar a la OCDE no es un trámite ni un acto simbólico. Es un proceso exigente que obliga a revisar cómo se gobierna, cómo se recauda, cómo se regula y, sobre todo, cómo se rinde cuentas. La organización no otorga financiamiento ni ejecuta proyectos, pero ofrece algo más valioso: estándares. Aunque incómodos, son los que separan a las economías que crecen de las que se desarrollan.
Para el país, el camino hacia la OCDE implicaría enfrentar viejas debilidades: la informalidad persistente, la calidad del gasto público, la anemia institucional. Pero también consolidar avances innegables en estabilidad macroeconómica y apertura.
La importancia de esta visita radica en entender que el ingreso no es el objetivo final, sino el proceso que lo antecede. Es ahí donde se producen las reformas, donde se elevan las exigencias y donde se redefine la relación entre el Estado y el ciudadano.
Aspirar a la OCDE es, en el fondo, aspirar a ser un país más predecible, más transparente y más confiable.
Esa es, quizás, la reforma más urgente de todas.