Pensemos en el país

Menos ruido y más coordinación para enfrentar las presiones inflacionarias

La política, en su sentido más noble, no es el arte de la ventaja inmediata, sino la responsabilidad de proteger el interés colectivo incluso en medio de la incertidumbre. Por eso, cuando el mundo se sacude por conflictos como la guerra del Golfo Pérsico, la mezquindad partidaria resulta improcedente y hasta peligrosa.

Las consecuencias de este conflicto ya se dejan sentir, aunque todavía no podamos medir su alcance real. Impactos en los precios de la energía, presiones inflacionarias, tensiones en los mercados y efectos indirectos sobre la estabilidad económica configuran un escenario complejo que exige serenidad y visión de Estado. En momentos así, la tentación de capitalizar políticamente la coyuntura debe ceder ante la urgencia de actuar con responsabilidad.

No es negar las diferencias, sino jerarquizarlas. Hay tiempos para la confrontación democrática y hay tiempos para la convergencia. Este es, sin duda, uno de estos últimos. La prioridad debe ser mitigar los efectos del conflicto sobre la población, proteger a los más vulnerables y asegurar que las decisiones públicas respondan a criterios técnicos y no a cálculos electorales.

Dejemos, pues, la polarización estéril. El país necesita menos ruido y más coordinación, menos consignas y más soluciones. Porque, al final, la política que vale es la que sirve.

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