El problema de los desalojos

Durante años, la ejecución de desalojos ha estado atrapada en una tensión normativa

Un desalojo ejecutado tras veinte años de decisiones judiciales evidencia un sistema que llega tarde.  Es el caso de Teleofertas.

Durante años, la ejecución de desalojos ha estado atrapada en una tensión normativa. Por un lado, decisiones administrativas que exigían la presencia obligatoria de la fuerza pública; por otro, fallos del Tribunal Constitucional que han cuestionado esa obligatoriedad. A ello se suma una legislación posterior que intenta ordenar el proceso, pero cuya aplicación sigue siendo desigual.

El resultado es un limbo de sentencias firmes que no se ejecutan o que tardan décadas en materializarse. No existen cifras sobre cuántos casos están en esa situación, pero la recurrencia del problema en tribunales y medios apunta a una falla estructural.

Esto tiene consecuencias graves. Para el propietario, el derecho reconocido judicialmente se convierte en una promesa diferida. Para el ocupante, la incertidumbre prolongada puede terminar en un desalojo abrupto tras años de aparente estabilidad. Y para el sistema, el mensaje es inquietante: ganar un caso no garantiza hacerlo efectivo.

La seguridad jurídica también se mide por el cumplimiento oportuno de las sentencias. Cuando ese cumplimiento depende de obstáculos administrativos, interpretaciones cambiantes o simple inercia institucional, el derecho de propiedad deja de serlo pleno y se convierte en una expectativa condicionada.

Ese es el verdadero problema.


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