Lluvias y más lluvias
Lo que hoy vivimos forma parte de una transformación mayor
La lluvia cae sin tregua sobre la República Dominicana, como si el cielo insistiera en recordarnos algo que durante años hemos preferido posponer. Calles anegadas, cañadas desbordadas, comunidades incomunicadas: la escena se repite con una frecuencia inquietante. Y todavía. Como si no bastara, vendrán los efectos de El Niño. Dejará su huella, alterando los patrones que antes parecían previsibles.
Pero reducirlo todo a un fenómeno cíclico sería un error cómodo. Lo que hoy vivimos forma parte de una transformación mayor. El cambio climático ha dejado de ser una advertencia lejana para convertirse en experiencia cotidiana. Ya no es un debate académico ni una consigna ambiental: es una realidad que se mide en pérdidas materiales, en desplazamientos forzados, en vidas trastocadas.
Ante este panorama, la reacción no puede ser únicamente coyuntural. No basta con limpiar drenajes cuando ya el agua desborda ni con declarar emergencias cuando el daño está hecho. La prevención debe convertirse en política de Estado, en cultura ciudadana, en prioridad presupuestaria. Ordenamiento territorial, inversión en infraestructura resiliente, educación ambiental: no hay atajos.
Porque la lluvia no va a esperar. Y el clima, ese viejo equilibrio que creíamos inmutable, ya cambió. Prepararse no es una opción; es la única forma de no seguir llegando tarde.