Sostenibilidad sin fanatismos
Ni fanatismo verde ni indiferencia irresponsable: sensatez
En los debates sobre medioambiente suele imponerse la lógica de los extremos. De un lado, quienes convierten la defensa ecológica en una suerte de dogma absoluto donde cualquier actividad económica parece sospechosa. Del otro, quienes todavía niegan la existencia del cambio climático o minimizan sus efectos pese a las evidencias acumuladas en todo el planeta.
Ambas posiciones terminan siendo igualmente perjudiciales. El negacionismo climático desconoce una realidad visible en fenómenos cada vez más frecuentes: sequías prolongadas, temperaturas récord, eventos atmosféricos extremos y deterioro acelerado de ecosistemas esenciales. Pero el ambientalismo radical también corre el riesgo de paralizar decisiones necesarias para el desarrollo, especialmente en países que todavía enfrentan enormes desafíos de pobreza, infraestructura y empleo.
La sostenibilidad no debe entenderse como un obstáculo para crecer, sino como la condición para que el crecimiento sea estable, duradero e inclusivo. Las economías que ignoran el impacto ambiental hipotecan su futuro; las que demonizan toda inversión terminan condenando a millones al estancamiento.
Por eso resulta importante abandonar visiones apocalípticas heredadas de las viejas tesis neomaltusianas y del catastrofismo del Club de Roma, que durante décadas anunciaron límites absolutos al progreso humano. La experiencia demuestra que innovación, tecnología y regulación inteligente pueden armonizar desarrollo y preservación ambiental.
Ni fanatismo verde ni indiferencia irresponsable: sensatez.