Medidas urgentes

La deuda pendiente frente a la violencia machista

El incremento de los feminicidios vuelve a colocarnos frente a una tragedia que ya no puede explicarse únicamente desde las estadísticas policiales. Cada mujer asesinada arrastra detrás una cadena de indiferencias, silencios y señales ignoradas que terminan convirtiendo la violencia en desenlace. El problema no comienza con el crimen; comienza mucho antes, en el acoso tolerado, en la amenaza minimizada, en la denuncia desestimada y en la cultura machista que todavía considera a demasiadas mujeres propiedad emocional de alguien.

Las autoridades tienen la obligación de actuar con mayor rapidez y sensibilidad. No basta con reaccionar después del asesinato ni limitarse a las habituales declaraciones de consternación. Se requiere seguimiento efectivo a las denuncias, protección real para las víctimas en riesgo y coordinación entre Policía, Justicia y servicios sociales. Cada advertencia ignorada puede terminar en una vida perdida.

Pero el problema también interpela a la sociedad. Muchas mujeres viven acosadas, vigiladas o amenazadas mientras su entorno les pide paciencia, prudencia o silencio. Esa falta de empatía sigue siendo parte del problema.

La respuesta de fondo exige una campaña intensiva y sostenida de educación contra el machismo, desde las escuelas hasta los medios y los hogares. La violencia contra la mujer no es un arrebato inevitable: es una conducta aprendida que también puede y debe desaprenderse.

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