Antes de las vainas
Una celebración de color en medio del ruido de la ciudad
La naturaleza ha querido regalarnos este año una floración excepcional de framboyanes. Su acuarela de rojos intensos, naranjas y matices encendidos ha pintado parques, avenidas y carreteras, transformando el paisaje cotidiano en una celebración de color. Es un espectáculo que, por repetido, nunca deja de asombrar y que nos recuerda el privilegio de habitar una tierra donde la belleza brota con una generosidad difícil de igualar.
Los framboyanes ofrecen mucho más que sombra. Durante estas semanas despliegan sus copas como un dosel festivo y, cuando el viento hace su trabajo, cubren el suelo con un tapiz de flores que permanece durante días, como si la naturaleza se resistiera a despedirse de su propia obra. No hay prisa en ese ciclo; solo la serena certeza de que toda plenitud es pasajera.
En medio del ruido de las ciudades, de las preocupaciones cotidianas y de la premura con que solemos recorrer los días, el framboyán nos invita a mirar hacia arriba y también hacia abajo. A descubrir que la belleza no solo está en el árbol florecido, sino también en los pétalos que descansan sobre la tierra.
Como ocurre con tantas cosas en la vida, el encanto reside precisamente en que no dura para siempre. Disfrutemos este regalo efímero, antes de que lleguen las vainas.