Reformas insensatas
El sistema educativo dominicano necesita resultados, no cambios cosméticos
En un artículo en Diario Libre, Samuel Antonio Conde acierta plenamente al advertir sobre el peligro de cambiar para seguir haciendo lo mismo. Su reflexión desnuda una de las mayores debilidades institucionales dominicanas: nuestra inclinación a presentar reformas legales y reorganizaciones burocráticas como soluciones a problemas que requieren liderazgo, capacidad de gestión y rendición de cuentas.
Durante años, el sistema educativo ha recibido cuantiosos recursos, multiplicado estructuras y acumulado planes, sin alcanzar resultados proporcionales en la calidad del aprendizaje. Sin embargo, pocas veces se exige responsabilidad institucional por ese fracaso. Las deficiencias persisten, mientras las autoridades cambian, los diagnósticos se repiten y las consecuencias parecen recaer exclusivamente sobre los estudiantes.
Lo preocupante es que pretendamos iniciar otra transformación sin evaluar rigurosamente por qué las anteriores no produjeron los resultados prometidos. Reformar sin establecer responsabilidades es perpetuar la impunidad administrativa bajo una nueva arquitectura institucional.
El debate debe concentrarse en la calidad docente, la eficiencia del gasto, la evaluación independiente y la capacidad real del Estado para ejecutar políticas sostenidas, más allá de los intereses políticos y corporativos.
Como señala Conde, necesitamos una visión educativa vinculada al desarrollo nacional, no otra reforma concebida desde los escritorios del poder.
La educación dominicana no necesita más cambios cosméticos ni instituciones rebautizadas. Necesita resultados, responsabilidades y consecuencias.
De lo contrario, seguiremos igual.