Puerto Príncipe hoy
Desplazados haitianos sobreviven hacinados entre ruinas y balas
Nota de la autora: esta columna no la escribe una persona prohaitiana ni antihaitiana, sino alguien que, ante todo, es periodista y busca informar.
De vez en cuando veo los videos de un youtuber colombiano llamado Juan. Sin mucho guion ni poses, les muestra a sus seguidores el mundo que tiene delante de los ojos. Ahora les tocó el turno a los barrios haitianos de Puerto Príncipe, asediados por las pandillas y, lo más abrumador, a los campamentos improvisados donde mal sobreviven los ciudadanos desplazados por esos grupos armados.
Como periodista, había visto pocas imágenes y videos que describan al detalle el Puerto Príncipe actual. El que recordaba al recorrerlo en un par de viajes era muy pobre y con servicios escasos; el que Juan me mostró ahora parece no tener una palabra exacta que lo defina.
Cerca de barrios donde una cotidianidad precaria intenta abrirse paso bajo la custodia de una fuerza de paz todavía en construcción, hay otra realidad que me dejó aturdida.
Juan me mostró que, en Haití, en pleno mayo de 2026, existen barrios fantasmas donde la maleza crece porque sus habitantes tuvieron que huir cuando llegaron los pandilleros con sus armas y ráfagas de muerte. Hay casas de concreto perforadas por decenas de impactos de bala. También casquillos regados en el suelo, como monumentos de una guerra sin ideales, sin héroes y sin final feliz a la vista.
Y lo peor que Juan me mostró fue el hacinamiento en grado superlativo en que sobreviven miles de desplazados. Los hay apretujados en una escuela de tres niveles y hasta en el edificio que alguna vez alojó al Ministerio de Comunicaciones. Donde antes correteaban estudiantes o había burocracia, hoy grita la desesperanza.
Espacios cerrados con lonas, sábanas, pedazos de madera vieja o cualquier cosa que aparezca. O un simple colchón viejo tirado en un pasillo. Eso es lo que tienen para malvivir. Niños, adolescentes y adultos conviven pegados unos a otros, sin límites, sin intimidad y sin propiedad alguna.
Lo que Juan me mostró es horroroso. Y lo más inquietante es que nadie sabe cuándo terminará ese eterno apocalipsis en ese lado de la isla, atrapado en un inframundo cada vez más distante del desarrollo.