Guerra e incertidumbre
La OTAN se fractura ante la presión de Estados Unidos contra Irán
Algunos países miembros de la OTAN se resistieron a dar apoyo directo o indirecto a los EE. UU. ante el choque contra Irán. No se sabe si tal reticencia acarreará consecuencias futuras para los países de la alianza occidental.
El argumento utilizado por los EE. UU. para requerirlo es el de que Irán posee un arsenal de misiles y procura obtener armas nucleares que en sus manos constituirían una amenaza para la humanidad, aparte de que es un Estado fundamentalista, ejerce terrorismo de Estado fuera de sus fronteras, tiranía sobre sus súbditos y no duda en aplicarles una represión terrible.
En cambio, el utilizado por algunos miembros de la OTAN para rechazar involucrarse es el de que esta guerra no responde a sus intereses ni a la legalidad internacional. No fueron consultados.
En tal virtud, se negaron a facilitar el uso de las bases militares que los EE. UU. tienen establecidas como parte del andamiaje defensivo común en lugares como Rota y Morón, en España, entre otros.
En el fondo, quieren soslayar la entrada a un conflicto que podría acarrearles pérdidas humanas y materiales severas y evitar que células terroristas realicen cruentos atentados en su suelo.
Sin embargo, dado que una vez que empieza un conflicto es imposible controlar sus consecuencias, en un cambio forzado de guion, el Reino Unido ha facilitado el uso de las bases que se encuentran en su territorio, bajo la premisa de que se trate de operaciones que se efectúen con énfasis defensivo, difíciles de discernir, con lo cual se trata de un apoyo disimulado a la ofensiva contra Irán.
La reacción del presidente Trump ha sido de enojo y frustración con los países europeos, con claros matices diferenciados.
En efecto, ha puesto de manifiesto su frustración con naciones como España y dejado caer la idea de que en un futuro su país podría abandonar las bases que ocupa en ese territorio y trasladarlas a otros lugares, con la implicación de que retiraría su apoyo defensivo a todos aquellos que en las circunstancias actuales no han cooperado con el esfuerzo bélico contra Irán.
El mundo de hoy carece de norte. Se habla de un derecho internacional que solo existe en papeles envejecidos, violados cotidianamente, pues la verdad es que, desde hace mucho tiempo, impera la razón de los más fuertes.
Se habla de guerra ilegal, para referirse a la actual contra Irán, como si alguna vez alguna guerra hubiese sido legal.
Es cierto que, en principio, esta guerra obedece más a los intereses de Israel que al de los Estados Unidos y los demás países occidentales. Pero también lo es que nunca debió de haberse permitido que surgieran estados con vocación explícita y aireada a los cuatro vientos de destruir a otros estados o de imponer el caos y el terrorismo a aquellos que no comulguen con sus ideas y no sean partícipes de su cuota de fanatismo.
Las próximas horas o días determinarán si se entrará en una espiral de incertidumbre, destrucción, restricciones económicas, inflación y desabastecimiento energético, o se podrá afrontar el descomunal reto actuando y creando consciencia de que el destino de todos de algún modo depende de las decisiones inmediatas que se tomen sobre la seguridad colectiva y en particular sobre la de navegación en el estrecho de Ormuz y en cualquier otro lugar.
Lo que ya está sobre el tapete es un nuevo orden internacional, sin entrar a valorar sus fundamentos éticos, que debe ser canalizado a través de nuevas instituciones para evitar excesos desmedidos. Peor o mejor, es lo que es.
Ursula Von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, cometió el desliz de reconocerlo en un reciente discurso. Lo dijo y luego fue censurada por quienes insisten en aferrarse al orden ya en agonía. Hablan como si escenificaran una escena de teatro, sujetándose a una influencia que solo conservan en apariencia.
Lo cierto es que el orden post guerra mundial se ha ido desvaneciendo y está siendo sustituido por otro en que prevalecen, como siempre, los intereses de los más poderosos.
Dentro de ese marco los países pequeños como la República Dominicana tendrán que moverse con prudencia e inteligencia. Todo parece indicar que Las Américas se consolidará como bloque, pero la manera en que participemos dará la medida de nuestro futuro desarrollo.
Y como colofón, en el largo plazo el mundo se encamina a una confrontación entre China y los Estados Unidos por repartirse el dominio económico del universo, con Rusia deseosa de ser partícipe aprovechada del gran pastel, tan cercana a China como para que el gigante asiático tema de su poder militar y tan alejada de los Estados Unidos como para que se vislumbre entre ellos en lontananza una alianza económica y militar inconcebible hasta hace poco tiempo.
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