La adecuación fiscal, ¿pelotazo o qué?
De la incertidumbre geopolítica al éxito inesperado de la reforma tributaria
A raíz del proyecto de adecuación fiscal presentado por el gobierno dominicano, surgieron inquietudes. Núcleos diversos de la población deseaban edificarse sobre su justificación y alcance.
Uno de ellos era el grupo que en 1962 se graduó de bachiller en el colegio De La Salle de Santo Domingo (incluyéndome a mí), cuyos hoy longevos representantes portan pelo blanco o cielo calvo, devenidos en críticos exigentes, ávidos de explicaciones, a modo de compensación de los bríos declinantes.
Querían saber mi opinión. Se la prometí, pero no hubo tiempo para estudiarla. De modo inesperado la propuesta fiscal se convirtió en una jugada de bateo y corrido en la que el bateador (el gobierno) encontró terreno propicio (la incertidumbre geopolítica y el cierre del estrecho de Ormuz) para justificar el empeño.
El paquete (uno más) se aprobó y promulgó a velocidad de centella en el mismo momento en que se anunciaba un acuerdo tentativo entre Irán y los EE. UU., lo que permitiría, tal y como ha ocurrido, reabrir, aún fuera con precariedad, el tráfico del crudo en el estrecho de Ormuz.
¡Oh, casualidad! Tal evolución favorable causó el alza inmediata de los índices bursátiles, el desplome del precio del petróleo y redujo significativamente la incertidumbre, aunque persisten umbrales de riesgo.
Es decir, el bateo y corrido funcionó sin que al árbitro le diera tiempo de parar el pitcheo por cambios fundamentales acaecidos en las condiciones del juego.
En España dirían que las autoridades dieron un pelotazo: se aseguraron nuevos ingresos por alrededor de RD$50,000 millones anuales según las estimaciones oficiales, al tiempo que por el lado del gasto se ahorrarían cualquier compensación a la población relacionada con el precio de los combustibles.
Operación redonda, con algarabía contenida, por si las moscas.
Siendo así, quien escribe queda liberado de emitir su opinión y dar explicaciones al grupo de compañeros lasallistas. De todos modos, gracias por su confianza en mí.
Elucubrando esos pensamientos me topé con un artículo formidable escrito por José Singer, empresario de mirada de águila, lector insaciable de artículos de opinión, ávido siempre de información e incansable rastreador de la evolución económica mundial y local en busca de identificar oportunidades y riesgos.
Dice Singer, exdiplomático y representante del país en el Consejo de Seguridad de la ONU, que “En geopolítica, las apariencias suelen ser engañosas. Lo que a primera vista parece una victoria puede terminar sembrando las condiciones de una derrota futura. La historia está llena de países que confundieron una ventaja coyuntural con una posición permanente de poder y descubrieron demasiado tarde que el uso excesivo de esa ventaja empujaba a los demás a buscar alternativas”.
Esa reflexión me hace recordar que allá por los años de la década de los 80, el gobierno dominicano de aquel entonces descubrió súbitamente que lo que se percibía como una ventaja (aprovechar los días del asueto de Semana Santa para sorprender a la población con un severo paquete de restricciones fiscales convenido con el FMI), devino en una trágica poblada. Hubo que rectificar a un elevado costo.
El pelotazo fiscal de ahora bien puede ser celebrado. Pero las autoridades no deberían perder de vista que acaban de consumir un comodín fundamental, aderezado con algunas concesiones para que la píldora sea tragada con menos repugnancia.
El gusano maligno del desequilibrio de las cuentas públicas sigue vivo y coleando, profundizando el desorden que impide al Estado cumplir sus funciones a plenitud.
El mercado de trabajo sufre su agonía y tendencia desnacionalizadora, el de bienes y servicios acusa la inconsistencia en el gasto público, inflado en subsidios e intereses, precario en inversión en infraestructura. Por su parte, el ingreso se resiente por tasas altas y exoneraciones amplias favorables al apaño.
En el futuro cercano, quizás con otra administración pública en funciones, habrá que hacer frente a los problemas que lo hipoteca. Sin embargo, el margen de actuación estará constreñido por los efectos del pelotazo que ha tenido lugar.
En Los libros de Jacob, la premio nobel de literatura Olga Tokarczuk dice: “Lo que hoy ha sido mañana no será. Lo que ha huido ya no se encontrará”.
El asunto por responder es el de si en el mundo de hoy de predominio de las redes de información y de lo virtual, se accede a los gobiernos para administrar y perpetuar la crisis, o, en cambio, para asumir a plenitud las responsabilidades sin temor a perder puntos en las encuestas de opinión. Los primeros dejan una estela insípida o un mal recuerdo; los segundos, un legado memorable.
Yo, con igual ímpetu que el que más, aspiro a que se inscriba entre los que dejan un legado memorable, pero el tiempo se agota sin trazas que permitan afirmarlo.