Reformas pendientes: la mirada de Ramón Flores
Instituciones, talento y coraje, la triada para transformar la nación
El pasado viernes se celebró en Intec un acto de gran significado: la puesta en circulación del libro Reformas Pendientes, la mirada de Ramón Flores.
La iniciativa, respaldada por Intec, Oei, Isfodosu y Uteco, es de un grupo de amigos que por años lo acompañaron en su trajinar y decidieron recoger sus reflexiones para que sirvan de acicate.
El libro, por lo tanto, lo asegura el dueño de los pensamientos que lo integran, “celebra la amistad que se convierte en trabajo colectivo, la confianza que se transforma en obra y el gesto solidario de quienes creen que compartir ideas es también una forma de construir futuro”.
Los amigos, cuyos nombres aparecen en la obra, afirman que “El legado intelectual de Ramón Flores no se circunscribe únicamente al ámbito pedagógico. Al adentrarse en sus reflexiones, se percibe la mirada de un pensador sistémico que aborda con igual rigor y lucidez las dimensiones de la energía, la economía, la política y el medio ambiente”.
Arturo del Villar anota que “En todos estos textos late una misma advertencia: el progreso de una nación no es fruto del azar ni de la simple acumulación de infraestructura o discursos triunfalistas. La verdadera modernización descansa en la solidez de las instituciones, en la excelencia de su talento humano, y en el coraje colectivo para acometer reformas profundas con disciplina y sentido de propósito”.
Instituciones, talento y coraje forman la triada imprescindible para reformar, transformar y desarrollar una nación.
El texto es, como lo expresa Arturo del Villar, “Un reencuentro con las raíces éticas e intelectuales que dieron origen a Intec…”.
En efecto, Ramón fue su primer rector, abanderado del grupo que se impuso la tarea de crear una institución de enseñanza superior imbuida de sentido ético y del sentido místico de anteponer el interés de la comunidad al individual, centrada en la excelencia académica, comprometida con el desarrollo de su país.
Rolando Guzmán, autor del prólogo, apunta: “Ramón Flores es ingeniero de formación y educador por vocación. Esa doble condición atraviesa toda su escritura: del ingeniero se percibe una desconfianza instintiva hacia los sistemas que prometen milagros, los incentivos mal alineados y las decisiones que ignoran sus propias consecuencias; del educador surge el empeño por inquietar, enseñar y aprender, incluso cuando ello incomoda…”.
En las palabras pronunciadas por Ramón Flores, se percibe un tono filosófico que traspasa los umbrales propios del ingeniero y educador.
Dice: “Con suerte, con mucha suerte, uno llega a una etapa de la vida en que ya no corre detrás del mundo, sino que lo contempla con serenidad. Para entonces, posiblemente haya aprendido que no todo el camino es llano, ni toda jornada es luminosa; que la existencia no se mide por la rapidez con que uno atraviesa los días, sino por la hondura con que se viven; que hay momentos que se quedan, silencios que se enseñan y heridas que obligan a mirar hacia adentro. Habrá aprendido también que el tiempo, cuando madura, ilumina con una claridad distinta. Y, sobre todo habrá aprendido que, a pesar de las inevitables asperezas, siempre aparecen hechos que señalan, una y otra vez, que la vida es un gran regalo”.
Hace decenios descubrí que es un ser excepcional, humilde, generoso, capaz de escrutar profundidades en las que el talento estándar es incapaz de penetrar. Desde entonces hemos ido tejiendo una amistad que me honra y hace sentir afortunado
Él, imperturbable, discurre con la tranquilidad como se mueve el agua límpida del manantial; sus observaciones desvían torrentes de agua encrespada hacia planicies de serenidad en cuyos remansos las ideas pueden ser contrastadas y acordadas.
Cuando estaba activo influyó en las altas esferas de decisiones. Se constituyó en inductor de reformas en las áreas de educación y energía. Lamentablemente, no todo acuerdo se ejecuta acogiéndose a las ideas que le dieron origen. Se desnaturalizan, como ha ocurrido con muchos.
Formó parte del grupo de la Fundación Siglo 21, hoy en receso, integrado en su núcleo duro por Manuel Cocco, Ramón Pérez Minaya (QEPD), Isidoro Santana y quien escribe. Jugó un papel importante, aportando criterios, haciendo gala de visión profunda, descubriendo aristas insospechadas.
Participó con asiduidad en los programas televisivos de la Fundación y también en Entre Tres en los que interactuaban miembros de Intec (Rafael Toribio), la Fundación Tecnológica (Ramón Flores) y la Siglo 21 (Santana y García Michel), emitiendo opiniones, orientando, proyectando una voz crítica.
La lectura de esta obra ayuda a recordar que hay reformas pendientes de materialización, a la espera de que el miedo al costo político de ejecutarlas deje de ser una inmensa garrapata que termine de vaciar la savia de la nación.
Coraje para adoptarlas e instituciones para sostenerlas, es lo que hace falta.