Rubio y Bisonó: intereses compartidos, prioridades propias
El control de los arsenales y la fortaleza institucional como pilar diplomático
Era enero de 1943. Getúlio Vargas había llegado a Natal para reunirse con Franklin D. Roosevelt. Conversaron sobre la guerra y el futuro industrial brasileño. Aquella cooperación incluía financiamiento estadounidense para la siderúrgica de Volta Redonda, acordado en 1940 y ampliado en marzo de 1943.
La disparidad de poder era inmensa. Brasil había incorporado a la relación una ambición nacional que trascendía la emergencia militar.
El encuentro de Marco Rubio y Víctor «Ito» Bisonó, el 16 de octubre en Washington, merece examinarse con ese criterio. El comunicado estadounidense reúne dos prioridades: cooperación contra los cárteles e inversiones en minerales críticos. Seguridad y economía aparecen dentro de una misma conversación estratégica.
A República Dominicana le conviene estrechar su asociación con Estados Unidos, con intereses propios claramente definidos, beneficios recíprocos y compromisos que ambos países puedan sostener.
La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense de 2025 permite ordenar tres intereses principales de Washington:
- Seguridad: contener redes criminales y presiones migratorias.
- Abastecimiento: diversificar fuentes de minerales y fortalecer cadenas productivas confiables.
- Influencia: limitar el control de competidores sobre infraestructura estratégica del hemisferio.
Tres intereses deben orientar la postura dominicana:
- Seguridad nacional: una frontera protegida y un Haití que recupere orden, autoridad y oportunidades.
- Desarrollo productivo: inversión que incorpore tecnología, proveedores nacionales y empleos formales mejor remunerados.
- Capacidad de decisión: compromisos proporcionales a los beneficios, que preserven opciones para nuestro futuro.
Haití pone a prueba esas coincidencias. La gravedad de su crisis para nosotros no le asegura el mismo lugar en las prioridades estadounidenses. Reconocer una crisis, darle prioridad y movilizar recursos son decisiones distintas. Nuestra diplomacia debe procurar que el respaldo político se traduzca en financiamiento suficiente y apoyo sostenido.
República Dominicana ya presta apoyo logístico y atención médica al personal de la fuerza internacional; Washington lo ha reconocido ante el Consejo de Seguridad. Bisonó ha reclamado personal, equipos y financiamiento para esa fuerza. Si ampliamos nuestra contribución, debemos procurar aportes estadounidenses de transporte, equipamiento y financiamiento, con responsabilidades y plazos definidos. La cooperación debe incluir investigaciones en ambos países sobre las redes que abastecen de armas, municiones y dinero a las bandas.
La composición de la delegación dominicana en Washington también merece atención. Junto al canciller viajaron el ministro de Defensa y el comandante general del Ejército. Una delegación de esa naturaleza revela el peso de la seguridad en la agenda.
El Panel de Expertos de la ONU ha documentado municiones vinculadas a existencias militares y policiales dominicanas en poder de bandas haitianas. Las responsabilidades deben establecerse con precisión, pero tampoco podemos minimizar el problema. Corresponde esclarecer los desvíos, corregir las fallas de control y prevenir su repetición.
Proteger la frontera exige controlar nuestros arsenales y fortalecer nuestras instituciones.
Una vulnerabilidad interna afecta nuestra seguridad y debilita la autoridad con que exigimos responsabilidades a otros.
La recuperación de Haití debe ocurrir en territorio haitiano, bajo conducción haitiana y con respaldo internacional suficiente. Una fuerza internacional puede ayudar a recuperar un barrio. La estabilidad se afianza cuando la autoridad haitiana permanece, la escuela vuelve a abrir y el comerciante puede trabajar sin pagarle a una banda.
La declaración regional de septiembre, suscrita también por Washington y Santo Domingo, reclama presencia policial haitiana permanente en las zonas recuperadas.
La prórroga estadounidense de HOPE/HELP hasta 2028 ofrece una oportunidad para sostener la industria de confecciones haitiana. Podemos procurar respaldo para que ese acceso al mercado se traduzca en producción y empleo dentro de Haití. La seguridad necesita una vida económica que pueda sostenerse; los trabajadores y las empresas necesitan seguridad para producir.
El diálogo de Bisonó con la canciller Raina Forbin en CODEVI ofrece un cauce para definir esa agenda con las autoridades haitianas.
Los minerales plantean una cuestión distinta. Para Estados Unidos, diversificar proveedores fortalece su seguridad de abastecimiento. Para República Dominicana, el reto es que esa relación también desarrolle capacidades productivas propias.
Ahí está el riesgo: asumir que una mayor integración producirá, por sí sola, un mayor desarrollo.
Bisonó ha planteado incorporar procesamiento primario con financiamiento y apoyo tecnológico. El interés dominicano es que esa inversión forme trabajadores, transfiera conocimientos y desarrolle proveedores capaces de servir a otras actividades.
Nuestro margen dependerá de las alternativas de ambas partes, de cuánto necesite Estados Unidos esos suministros y de nuestra capacidad para producir competitivamente. Si un proyecto contribuye a reducir una vulnerabilidad estadounidense, ese beneficio debe pesar al discutir cómo se distribuyen su financiamiento y sus riesgos.
Max Bazerman, de Harvard, ha advertido sobre negociaciones que producen ganancias para quienes están en la mesa mientras trasladan costos hacia quienes quedaron fuera. Para un Estado, la cuenta es más amplia: también están los contribuyentes, los trabajadores, las comunidades y las generaciones que asumirán las consecuencias de las decisiones tomadas hoy.
El carácter estratégico de un recurso no garantiza su rentabilidad ni elimina sus costos ambientales. Cualquier aporte público dominicano debe justificarse por las capacidades y los beneficios que permanezcan en el país.
También debemos preservar margen de decisión. Si se nos pide restringir proveedores, fuentes de financiamiento o determinadas relaciones económicas, el costo de renunciar a esas alternativas debe formar parte de la conversación sobre compromisos recíprocos.
El rigor con que afirmamos nuestras prioridades frente a Haití debe acompañarnos también al negociar con Washington.
Christopher Vandome, de Chatham House, ha advertido que los compromisos sobre minerales críticos necesitan sobrevivir a una presidencia. Para nosotros, el riesgo sería comprometer recursos durante décadas por respaldos sujetos a un cambio de administración. Los entendimientos políticos necesitan convertirse en compromisos de quienes tienen autoridad y recursos para ejecutarlos. En Haití, tampoco debemos asumir responsabilidades sin límites de tiempo, costo o alcance.
El comunicado identifica áreas de cooperación, no resultados. Estos se apreciarán en los proyectos que se concreten, las responsabilidades que se cumplan y las capacidades que permanezcan.
Volta Redonda recuerda que una relación desigual puede incorporar un propósito nacional duradero. El nuestro debe ser reconocible: fortalecer la economía dominicana, preservar nuestra capacidad de decisión y contribuir a una recuperación haitiana que se afiance en Haití.
Una asociación más estrecha con Washington debe dejarnos mejores condiciones para gobernar nuestro propio futuro. Ese es el interés dominicano.