La nueva Suprema Corte de Justicia

Avances y continuidad en el fortalecimiento de la justicia dominicana

El Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), encabezado por el presidente Luis Abinader, ha hecho una excelente selección de siete jueces para la Suprema Corte de Justicia, además de escoger al magistrado Justiniano Montero como nuevo presidente de esta alta corte. En cumplimiento del mandato constitucional, el CNM seleccionó seis jueces pertenecientes a la carrera judicial y una jueza proveniente del ámbito académico y profesional privado.

Sin duda, estos nuevos jueces fortalecerán la Suprema Corte de Justicia. Por primera vez se elige a un juez de carrera como presidente del más alto tribunal del Poder Judicial, lo cual ha recibido elogios en la opinión pública. Es un momento que augura avance en la justicia dominicana.

Crédito al presidente de la República y demás miembros del CNM por la selección que hicieron. Lograr un consenso y un balance en este órgano es una tarea difícil por su composición heterogénea y por los intereses que se entrecruzan. Esta vez se logró ese consenso con un resultado positivo.

No obstante, hay que tener cuidado con el discurso adanista. Una cosa es reconocer y valorar la decisión del CNM y otra es presentarla como si se tratase de un hecho único, incomparable e inconmensurable, el comienzo de una nueva historia. Siempre es necesario mantener un sentido de proporción, mirar las cosas en perspectiva y valorar lo que significa la construcción paulatina, con sus altas y bajas, de las instituciones.

No hay exageración en decir que la conformación de la Suprema Corte de 2019 sirve de base a esta nueva Suprema Corte. Así como antes lo hicieron otros, ese año ascendieron al más alto tribunal de justicia destacados jueces de carrera con un alto perfil de servicio judicial, sólida formación y aportes doctrinarios.

La presencia de esos jueces de carrera, junto a los demás que integraron esa Suprema Corte, se hizo sentir en las diferentes salas de este tribunal, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo.

De hecho, puede argumentarse que la llegada de esos jueces a la Suprema en 2019 creó las condiciones para que se planteara la posibilidad de que un juez de carrera presidiera este tribunal. Varios de ellos pudieron perfectamente haber sido escogidos, incluyendo a la magistrada Nancy Salcedo, quien optó, lamentablemente, por no presentarse a evaluación.

Esto no quiere decir que la presidencia de este tribunal tenga necesariamente que recaer en un juez de carrera o que siempre es mejor que sea así, sino que simplemente en esta coyuntura se dieron las condiciones para que esto ocurriese.

El punto que este articulista quiere resaltar, sin restar crédito en lo más mínimo a la decisión del CNM, es que no estamos en un momento de ruptura, un antes y un después, sino en la continuidad y la consolidación de un proceso que ya estaba en marcha. Hay que ver, pues, este acontecimiento como un avance en un proceso acumulativo de construcción institucional en el que otros han desempeñado también papeles estelares.

Hay otro aspecto importante que no puede perderse de vista: muchos de los jueces que se postularon ante el CNM, incluyendo algunos de los que fueron seleccionados, resaltaron los avances en las reformas del Poder Judicial que impulsó la presidencia de Luís Henry Molina en lo que respecta a la digitalización de los trámites, la gestión de los procesos, la firma electrónica, la reducción de la mora judicial, entre otros aspectos relativos al quehacer judicial cotidiano. Igualmente, se puso de manifiesto lo que ha significado la Juristeca, auspiciada por la Escuela Nacional de la Judicatura, como herramienta ágil y eficiente de acceso a la jurisprudencia como fuente clave para la argumentación jurídica.

Esto no quiere decir, desde luego, que la justicia no tenga grandes problemas y desafíos, pero hay que darle el justo reconocimiento a las reformas que se han llevado a cabo. Esta es una condición para definir la nueva agenda que deberá implementar esta Suprema Corte de Justicia.

Sin duda, el nuevo liderazgo deberá imprimir su propio sello, pero tendrá que hacerlo en un contexto en el que ya existe un proceso de cambios en curso que se ha validado en la práctica. El reto consiste en consolidar las reformas que se han implementado y, a la vez, innovar para seguir avanzando.

Los nuevos jueces se unen a otros que ya tienen una experiencia acumulada en la Suprema Corte de Justicia. Hay condiciones para lograr un buen balance que permita una distribución eficiente de responsabilidades tanto en las labores jurisdiccionales como en las tareas de liderazgo hacia el Poder Judicial en general.

Las expectativas que se han generado son muy altas, pero hay que confiar en que esta nueva Suprema Corte, con la presidencia del magistrado Montero, estará a la altura de los desafíos que tiene por delante.

En último término, lo que se busca es seguir sentando los pilares de un sistema de justicia que garantice la seguridad jurídica, proteja los derechos de las personas, asegure el acceso a la justicia y consolide, en sentido general, el estado de derecho en la República Dominicana.

Ese es el gran desafío que tienen por delante estos nuevos jueces que emprenden un nuevo ciclo en la historia de la Suprema Corte de Justicia y del Poder Judicial en nuestro país.

Abogado y profesor de Derecho Constitucional de la PUCMM. Es egresado de la Escuela de Derecho de esta universidad, con una maestría de la Universidad de Essex, Inglaterra, y un doctorado de la Universidad de Virginia, Estados Unidos. Socio gerente FDE Legal.