Nicaragua cierra su embajada en RD pero se mantienen las tensas relaciones diplomáticas
Desde el cierre de la embajada, las relaciones bilaterales se han visto afectadas, aunque no se ha declarado una ruptura formal
La relación entre República Dominicana y Nicaragua, establecida hace más de siete décadas, atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión luego de que el gobierno de Daniel Ortega decidiera cerrar su embajada en Santo Domingo.
El Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano informó a través de un comunicado este 9 de septiembre que tomó nota de la decisión nicaragüense y recordó que desde el 23 de julio había llamado a consultas a su embajadora acreditada en Managua.
Desde entonces, la representación dominicana en Nicaragua permanece bajo la conducción de un encargado de negocios interino.
“La República Dominicana continuará dando seguimiento a la evolución de las relaciones bilaterales, conforme a los canales y prácticas establecidos en el ámbito diplomático”, indicó el Mirex.
El cierre de la embajada nicaragüense no equivale, por el momento, a una ruptura formal de relaciones diplomáticas. República Dominicana mantiene abierta su misión en Managua, aunque sin su embajadora al frente.
La decisión constituye, sin embargo, un nuevo escalón en el deterioro de unas relaciones diplomáticas que se remontan a 1949 y que han atravesado períodos de cercanía política, cooperación e integración regional.
De Trujillo y Somoza a las relaciones institucionales
Los primeros vínculos formales entre ambos países se desarrollaron durante las dictaduras de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana y Anastasio Somoza García en Nicaragua.
En abril de 1949, Trujillo designó a César Pina Barinas como embajador extraordinario y plenipotenciario dominicano en Nicaragua. En junio de ese mismo año, ambos gobiernos firmaron una convención para establecer comunicaciones por radio.
La relación inicial estuvo marcada por la cercanía entre los regímenes de Trujillo y Somoza, que compartían posiciones anticomunistas y mantenían vínculos políticos en el contexto de la Guerra Fría.
Somoza visitó Santo Domingo en 1952 para participar en los actos de toma de posesión de Héctor Bienvenido Trujillo.
Después de la caída de ambas dictaduras, la relación adquirió un carácter más institucional.
En marzo de 1968, República Dominicana y Nicaragua suscribieron un convenio cultural para promover la cooperación en educación, ciencia y cultura.
Durante las décadas siguientes se desarrollaron mecanismos de cooperación política, económica y comercial.
En 2001, los presidentes Hipólito Mejía y Arnoldo Alemán firmaron una declaración conjunta para fortalecer las relaciones bilaterales y el proceso de integración regional. Dos años después, Mejía y el entonces mandatario nicaragüense Enrique Bolaños suscribieron otro documento de cooperación.
Los dos países también quedaron vinculados comercialmente a través del DR-Cafta, tratado de libre comercio que incluye a Estados Unidos, República Dominicana y cinco países centroamericanos.
La integración regional se profundizó en 2013, cuando República Dominicana se convirtió en miembro pleno del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), organismo del que también forma parte Nicaragua.
En 2019, las cancillerías de ambos países firmaron un memorando para mantener consultas políticas bilaterales.
Las diferencias por el gobierno de Ortega
La relación comenzó a deteriorarse a medida que aumentaron las críticas internacionales al gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Desde la crisis política nicaragüense de 2018, República Dominicana ha respaldado distintas resoluciones internacionales relacionadas con la situación de los derechos humanos, las instituciones democráticas y los procesos electorales en Nicaragua.
Las diferencias adquirieron un carácter directamente bilateral en julio de 2026.
El gobierno dominicano condenó declaraciones de Ortega relacionadas con la eliminación de elecciones competitivas en Nicaragua y sostuvo que ningún gobierno puede privar a su población del derecho de escoger a sus gobernantes.
Managua respondió cuestionando al gobierno dominicano, tras lo cual Santo Domingo llamó a consultas a su embajadora el 23 de julio.
La misión dominicana quedó desde entonces encabezada por un encargado de negocios.
Siete semanas después, Nicaragua decidió cerrar su embajada en Santo Domingo.
El movimiento coloca las relaciones bilaterales en un nivel más bajo de representación diplomática, aunque los canales formales permanecen abiertos.
¿Qué puede seguir al cierre?
Ante el cierre de la embajada de Nicaragua en Santo Domingo, la República Dominicana dispone de varias opciones compatibles con la práctica diplomática. Ninguna respuesta está jurídicamente impuesta por el principio de reciprocidad; corresponde al Gobierno dominicano ponderar sus intereses nacionales, la protección de sus ciudadanos y la evolución política bilateral.
La primera opción es mantener abierta su embajada en Managua, como indica el comunicado, bajo la dirección de un encargado de negocios interino. Esta fórmula preserva un canal oficial de comunicación, permite prestar asistencia consular a los dominicanos y facilita el seguimiento directo de la situación nicaragüense. También evita que el cierre dispuesto por Nicaragua provoque automáticamente una escalada.
Una segunda posibilidad consiste en reducir adicionalmente el personal o las funciones de la misión. Sería una señal de desaprobación política más intensa, aunque sin eliminar completamente la representación diplomática. La República Dominicana podría asimismo mantener las relaciones mediante una acreditación no residente, encargando los asuntos nicaragüenses a su embajada en un tercer país.
La tercera opción es cerrar temporal o permanentemente la embajada dominicana como medida de reciprocidad política. Aunque sería legítima, no constituye una obligación jurídica. Su costo principal sería la pérdida de capacidad para atender directamente a los nacionales dominicanos y comunicarse con las autoridades nicaragüenses.
En un nivel superior de gravedad, Santo Domingo podría suspender o romper formalmente las relaciones diplomáticas. En ese supuesto, podría confiar la protección de sus intereses, ciudadanos, locales y archivos a un tercer Estado aceptable para Nicaragua, conforme al artículo 45 de la Convención de Viena.
Finalmente, la República Dominicana puede combinar la moderación operativa con medidas políticas: emitir protestas, llamar definitivamente a su embajadora, limitar contactos oficiales o promover gestiones regionales. La práctica diplomática aconseja graduar la respuesta, conservar canales mínimos mientras resulten útiles y reservar las medidas más severas para un deterioro sustancial de la relación bilateral.
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