Altas capacidades: cómo identificarlas y acompañarlas en el colegio
La identificación temprana y una respuesta educativa adecuada pueden ayudar a que cada estudiante desarrolle sus fortalezas sin convertirlas en una exigencia permanente
Hay niños que hacen preguntas que sorprenden por su profundidad, que aprenden con una rapidez poco habitual, que encuentran soluciones diferentes a las esperadas o que pueden pasar horas concentrados cuando algo despierta genuinamente su interés.
Pero también hay quienes se aburren en clase, se desmotivan, no terminan de encajar con sus compañeros o incluso presentan un rendimiento académico que no parece corresponder con su potencial.
Las altas capacidades no tienen un único rostro. Más que hablar de niños “superdotados”, hoy se entiende que existen distintos perfiles, con fortalezas que pueden manifestarse en áreas como el razonamiento, el lenguaje, las matemáticas, la creatividad o determinados campos académicos.
Y precisamente esa diversidad hace que identificarlos requiera mucho más que observar sus calificaciones o aplicar una etiqueta.
En este contexto, el colegio ocupa un lugar clave. El aula es uno de los principales espacios donde estas características pueden hacerse visibles, pero también donde pueden potenciarse -o pasar inadvertidas-.
Reconocer cómo aprende cada estudiante, ofrecerle retos adecuados, permitirle profundizar en sus intereses y darle distintas formas de demostrar lo que sabe son parte de una respuesta educativa que debe contemplar tanto sus capacidades como sus necesidades emocionales y sociales.
Para entender qué hay detrás de las altas capacidades, cómo pueden identificarse y cuál debería ser el papel de la familia y la escuela, conversamos con Gloria Estrella Reynoso, M.A., psicóloga clínica y especialista en evaluación e intervención psicoeducativa en contextos escolares y sociocomunitarios y atención a la diversidad, del Centro Peldaños.
¿Qué son las altas capacidades y en qué se diferencian de lo que llamamos “niños superdotados”?
Históricamente, la sociedad ha llamado “superdotados” a los niños considerados “muy inteligentes”, aquellos con aptitudes excepcionales para desarrollar determinadas habilidades o que manifiestan conocimientos y conductas avanzadas para su edad, incluso sin instrucción directa.
Sin embargo, definir las altas capacidades como un solo constructo no es sencillo, porque se trata de un fenómeno multidimensional que puede involucrar diferentes dominios cognitivos, creativos, académicos y socioemocionales.
Actualmente hablamos de “altas capacidades intelectuales” para referirnos a estudiantes que destacan significativamente en una o varias capacidades. Es un concepto más amplio que permite reconocer diferentes perfiles, mientras que “superdotación” se ha utilizado tradicionalmente para describir una capacidad intelectual general excepcionalmente elevada.
Renzulli, desde su Modelo de los Tres Anillos, amplía esta mirada al considerar la interacción entre capacidad por encima de la media, creatividad y compromiso con la tarea.
Por tanto, no todo niño con altas capacidades responde al perfil tradicionalmente denominado “superdotado”. Puede existir un talento excepcional en áreas como las matemáticas, el lenguaje, la creatividad o las artes, sin que todas sus capacidades estén igualmente desarrolladas.
Esta mirada nos permite comprender las altas capacidades como un espectro diverso de perfiles y no como una condición definida exclusivamente por un resultado de CI (Coeficiente intelectual).
¿Una persona con altas capacidades necesariamente es brillante en los estudios y obtiene buenas calificaciones?
Paradójicamente, no siempre los estudiantes con altas capacidades obtienen notas sobresalientes o se destacan en sus estudios. Esto puede ocurrir por diversas razones. Una de las principales es que tener una capacidad elevada en un área no implica necesariamente que el estudiante presente el mismo nivel de desarrollo en todas las demás.
Otro punto importante a considerar es la motivación intrínseca. Cuando un estudiante con altas capacidades no encuentra conexión, desafío o interés en los contenidos que presenta un currículo tradicional, puede mostrar poco compromiso con determinadas tareas académicas.
Esto no significa que carezca de capacidad para aprender, sino que puede no encontrar suficiente sentido o reto en aquello que se le propone. Como consecuencia, su rendimiento académico puede no reflejar el verdadero potencial que posee.
También debemos considerar que algunos estudiantes con altas capacidades pueden presentar dificultades en otras áreas, como la organización, la planificación, la atención sostenida o la regulación emocional.
En otros casos, pueden aparecer rasgos de perfeccionismo que les llevan a evitar tareas cuando sienten que no podrán realizarlas de manera excelente. Incluso existen estudiantes con altas capacidades que presentan simultáneamente alguna dificultad de aprendizaje, condición que conocemos como doble excepcionalidad.
Por eso, las calificaciones escolares, aunque constituyen una fuente importante de información, no deberían ser el único criterio para identificar altas capacidades.
Un estudiante puede tener un potencial intelectual excepcional y, sin embargo, presentar un rendimiento académico que no lo refleja. La evaluación debe permitirnos diferenciar entre lo que el estudiante puede hacer, lo que efectivamente hace y las condiciones que están favoreciendo o limitando la expresión de ese potencial.
¿Cómo se identifica que un niño tiene altas capacidades? ¿Qué señales pueden observar los padres y profesores?
Las señales pueden ser muy diversas y no necesariamente se manifiestan de la misma manera en todos los niños. Por eso, más que buscar una lista de características que confirme que un estudiante tiene altas capacidades, debemos estar atentos a patrones de comportamiento que llamen la atención por su intensidad, precocidad o nivel de complejidad.
En algunos niños podemos observar un aprendizaje muy rápido, una gran facilidad para establecer relaciones entre conceptos, un vocabulario o capacidad de razonamiento avanzado para su edad, una curiosidad intensa y una necesidad constante de comprender el “por qué” de las cosas.
También pueden mostrar una capacidad particular para resolver problemas de manera diferente a la esperada, hacer preguntas profundas o demostrar intereses muy específicos y un conocimiento inusualmente amplio sobre determinados temas.
En el ámbito escolar, algunos estudiantes pueden terminar las actividades con mucha rapidez, necesitar poco ejercicio repetitivo para consolidar un aprendizaje o sentirse poco estimulados cuando las tareas no representan un reto suficiente.
Sin embargo, como vimos anteriormente, esto no significa necesariamente que siempre obtengan buenas calificaciones. Algunos pueden incluso presentar desmotivación, aburrimiento o un rendimiento por debajo de su potencial.
Los padres también pueden observar una sensibilidad particular, una preocupación por temas complejos para su edad, un sentido de justicia muy desarrollado o una intensa concentración cuando algo despierta genuinamente su interés.
No obstante, estas características también pueden aparecer en niños que no presentan altas capacidades. Por eso, la presencia de estas señales no debe utilizarse para etiquetar a un niño como “superdotado”.
Son indicadores que nos dicen que vale la pena mirar con mayor profundidad. La identificación adecuada requiere integrar la observación de padres y profesores con la historia evolutiva, el funcionamiento cognitivo, el desempeño académico y, cuando corresponde, otras áreas relevantes del desarrollo.
¿Existen características o rasgos que suelen compartir los niños con altas capacidades?
No existe un perfil único de los niños con altas capacidades. Aunque pueden compartir algunas características, como una forma de razonamiento más compleja, intereses intensos o una gran capacidad para profundizar en determinados temas, cada niño puede manifestarlas de manera diferente.
Algunos pueden ser muy visibles por su desempeño y curiosidad, mientras que otros pueden pasar desapercibidos. Incluso podemos encontrar perfiles muy heterogéneos, en los que algunas capacidades están muy desarrolladas mientras otras se encuentran dentro de la media.
Por eso, más que buscar rasgos que “definan” a estos niños, debemos comprender la particularidad de cada perfil. Ante la presencia de estas características, es recomendable recurrir a una evaluación profesional que permita identificar sus fortalezas, necesidades y perfil de funcionamiento, evitando etiquetar al niño únicamente a partir de la observación.
¿Qué dificultades pueden enfrentar, tanto en el colegio como en el ámbito emocional?
Por lo general, el proceso educativo no suele ser más fácil para estos estudiantes, ya que pueden presentar un perfil heterogéneo: un alto desarrollo verbal, pero no necesariamente el mismo nivel en el área psicomotriz; o un elevado razonamiento lógico y pensamiento divergente, pero dificultades en sus habilidades sociales.
También pueden experimentar frustración o desmotivación cuando el entorno educativo no representa un reto acorde con sus capacidades.
En el ámbito emocional, algunos pueden luchar con una baja autoestima al sentirse diferentes, poco comprendidos o con dificultades para encajar con sus pares.
Así mismo pueden presentar una elevada autoexigencia, frustración ante el error o temor a no cumplir con las expectativas que los demás tienen sobre ellos. Por eso, es fundamental que reciban acompañamiento que atienda no solo el desarrollo de sus capacidades intelectuales, sino también sus necesidades emocionales y sociales.
¿Cómo pueden acompañar los padres a un hijo con altas capacidades? ¿Es conveniente que el niño sepa que tiene esta condición?
Los padres, como primeros testigos de las capacidades excepcionales de su hijo deben incentivar sus áreas de interés, aceptar al niño tal como es y estimular el desarrollo de su potencial sin sobreexigirlo.
Es importante respetar su creatividad, permitirle pensar de manera diferente, evitar saturarlo con actividades o materiales que no respondan a sus intereses y acompañarlo en sus proyectos, ayudándolo también a enfrentar el error y la frustración.
Deben transmitirle que es querido y valorado por quien es, no únicamente por sus capacidades, y asignarle responsabilidades en el hogar como a cualquier otro miembro de la familia. Ser intencionales en no centrarse en los aspectos intelectuales olvidándose del emocional y social.
Respecto a si debe saber que tiene altas capacidades, considero que sí, explicándoselo de acuerdo con su edad. Conocer sus fortalezas puede ayudarle a comprenderse y desarrollarlas de manera saludable, siempre evitando convertirlas en una etiqueta o en una expectativa de perfección.
El papel del colegio
¿Qué papel juega el colegio? ¿Y qué pueden hacer los profesores para detectar, comprender y potenciar las capacidades de estos estudiantes?
El colegio juega un papel fundamental, porque es uno de los principales contextos donde pueden observarse y desarrollarse las capacidades del estudiante.
Los profesores deben estar atentos a su forma de aprender, razonar, resolver problemas y relacionarse con los contenidos, sin limitarse únicamente a sus calificaciones. También es importante ofrecerles retos y oportunidades de profundizar en sus áreas de interés, permitiendo diferentes formas de aprender y demostrar lo que saben.
La observación docente, junto con la comunicación con la familia y la evaluación de profesionales especializados, puede facilitar una identificación adecuada y, sobre todo, la creación de respuestas educativas que favorezcan tanto su potencial como su bienestar emocional y social.
¿Las aulas dominicanas están preparadas para atender a los estudiantes con altas capacidades? ¿Qué hace falta para lograr una verdadera inclusión?
Debemos reconocer que en la actualidad República Dominicana ha avanzado en la comprensión y atención de las altas capacidades; ya no es un área desconocida ni completamente desatendida.
Sin embargo, todavía tenemos retos importantes para lograr una verdadera inclusión, y aquí también debemos reconocer que existen diferencias entre las posibilidades de atención que encontramos en el sector público y en el privado, especialmente en cuanto a recursos, formación especializada y capacidad para implementar estrategias de enriquecimiento y flexibilización curricular.
Necesitamos continuar fortaleciendo la formación docente, los procesos de identificación y evaluación y las respuestas educativas para los diferentes perfiles de estos estudiantes. La inclusión no consiste únicamente en que el estudiante esté dentro del aula, sino en garantizar que encuentre allí oportunidades reales para aprender, desarrollarse y sentirse comprendido.
¿Qué estrategias educativas pueden ayudar a estos niños a desarrollar su potencial? ¿Cuándo conviene recurrir al enriquecimiento curricular o adelantar un curso?
Las estrategias deben responder al perfil y a las necesidades de cada estudiante.
El enriquecimiento curricular, mediante proyectos, investigación, actividades de profundización y retos que amplíen los contenidos, suele ser una alternativa muy valiosa porque permite desarrollar su potencial sin desvincularlo de su grupo, tomando en cuenta que esta ampliación esté conectada con alguna de sus áreas de mayor capacidad o interés.
La aceleración o adelantar un curso puede considerarse cuando existe una diferencia significativa entre el nivel de competencia del estudiante y el currículo que cursa, siempre valorando su madurez emocional, habilidades sociales y adaptación. En ambos casos, la decisión debe partir de una evaluación individual y de la coordinación entre familia, escuela y profesionales.
¿Qué es lo peor que podemos hacer con un niño con altas capacidades y qué podemos hacer para que aprenda a esforzarse, gestione sus emociones y disfrute de la escuela?
Lo peor que podemos hacer es convertir sus capacidades en una exigencia permanente de excelencia, compararlo con otros niños, sobreestimularlo o asumir que, por tener altas capacidades, no necesita apoyo.
También es importante evitar etiquetarlo como “el inteligente” del grupo, porque puede sentir que equivocarse significa perder esa identidad. Para ayudarlo a esforzarse, gestionar sus emociones y disfrutar de la escuela, debemos enseñarle que el esfuerzo forma parte del aprendizaje, permitirle equivocarse y acompañarlo a desarrollar estrategias de autorregulación, perseverancia y tolerancia a la frustración.
Necesita retos adecuados a sus capacidades, pero también espacios para jugar, relacionarse y disfrutar de su infancia.
Así puede acompañar una familia a un hijo con estas capacidades:
Confía en ti: fuiste elegido por la providencia divina para acompañar a un niño excepcional. Confía en que eres el padre o la madre que necesita.
Conócelo antes de etiquetarlo: descubre sus fortalezas, intereses y necesidades; las altas capacidades no definen toda su personalidad.
Estimula sin presionar: ofrece retos y oportunidades para aprender, pero sin convertir su capacidad en una exigencia permanente de excelencia.
Enséñale a equivocarse: ayúdalo a desarrollar esfuerzo, perseverancia, tolerancia a la frustración y gestión emocional. Tener altas capacidades no significa tener que hacerlo todo bien.
Ámalo por quien es: celebra sus capacidades, pero asegúrate de que sepa que es querido y valorado independientemente de sus logros.
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