“Descubrí que mi madre tenía un amante a los 80”, la historia que inspiró al director de "Melodrama"

En entrevista con Diario Libre, el cineasta Andrés Farías habló del filme que se encuentra actualmente en cartelera y su peculiar forma de desarrollar el séptimo arte: “A mí me duele mi país; el cine me permite usar ese dolor como un megáfono”

Andrés Farías, director de la película Melodrama, posa previo a la entrevista con Diario Libre. (Steven Curiel)

Hay cineastas que filman para entretener, otros para facturar, y un grupo selecto que lo hace para no perder la cordura. Andrés Farías pertenece irremediablemente a estos últimos.

Tras el impacto de su ópera prima Candela, el director dominicano regresa a las salas con "Melodrama", una pieza íntima, descarnada y socialmente punzante que desafía las convenciones del espectador.

Protagonizada por la veterana bailarina clásica Mercedes Morales, el actor haitiano Jimmy Jean-Louis y la polifacética actriz Sarah Jorge León, la película es un tejido complejo donde las fronteras de lo personal y lo colectivo se diluyen.

En una conversación honesta, profunda y desprovista de poses con Diario Libre, Farías desglosa los demonios y las epifanías que dieron vida a este largometraje.

El origen: del shock familiar al ruido de la calle

—¿Cómo llegó esta historia a tus manos? Es una trama sumamente peculiar, sobre todo por la forma en que decidiste desarrollarla.

Mira, es una mezcla de dos ideas básicas. Tiene que ver directamente con mi madre; está inspirada en ella. Yo descubrí que tenía un amante a los 80 años y eso fue un shock para mí.

Comencé a escribir desde ahí, como intentando lidiar personalmente con ese asunto. Mientras escribía, me acababa de mudar a un apartamento y me ocurrió exactamente lo mismo que le pasa al personaje: de una casa grande, pasé a una chiquita.

Me encontré en este nuevo Santo Domingo de apartamentos pequeños, viviendo de nuevo con mi mamá de 80 años, asimilando el descubrimiento de su amante, y con una construcción frente a la casa que hacía ruido todo el día. De ahí surgió.

A mí me duele mucho mi país. Creo que la República Dominicana tiene el potencial para ser el mejor país de toda la región; tenemos la gente y el poder, pero me duelen las injusticias cotidianas. El cine me sirve como un megáfono para usar ese dolor y abrir conversacionesAndrés FaríasDirector de Melodrama

Empecé a conectar lo que vivía dentro con lo que estaba pasando afuera, en la calle. Fue una amalgama entre lo que había literalmente frente a mi ventana y lo que leía en los periódicos: los temas de inmigración, que son tan fuertes. Ambos mundos se juntaron.

Pero, sobre todo, tiene que ver con una interacción clave: descubrí que, en medio de esa construcción, mi madre era la única de todo el edificio que hablaba con los obreros haitianos. Comenzó a dejarles comida y agua.

La película nace de esa imagen: yo veía en la noche que ella dejaba un plato de comida y, en la mañana, cuando me levantaba, el plato estaba vacío.

De ese instante surge la idea de una historia de amor invisible entre esta mujer dominicana y ese lado haitiano. Se juntaron esas dos cosas: una vivencia íntima y una realidad social que presenciamos día a día.

—El cine tiene la capacidad de poner el dedo en la llaga, de llevar a la pantalla historias que a veces resultan incómodas, pero que es imperativo abordar.

Es que yo entiendo que lo esencial del cine, y la razón por la que yo lo hago, es porque nos sirve como un espejo para vernos como sociedad.

Nos invita a reflexionar sobre temas que nos atañen, pero de los cuales no queremos hablar porque son tabú. La única manera de avanzar, progresar y construir una mejor sociedad es mirándonos de frente, no escondiendo las cosas debajo de la alfombra.

Por eso, desde mi primera película, "Candela", hasta esta, he intentado tratar la vertiente social. Creo firmemente en el poder transformador del cine. Te ayuda a quitarte un velo, te permite ver las cosas mejor y te cuestiona como ciudadano e individuo.

Te obliga a preguntarte si la narrativa oficial que te están contando realmente es así. Melodrama es una invitación a no llevarnos necesariamente de lo que nos dice el otro, sino a formular una opinión real más allá de lo que sea socialmente aceptado o considerado "correcto".

—El reparto de la película es fascinante por su diversidad. Tienes a una gloria de la danza clásica y a un actor internacional de gran magnetismo. ¿Cómo se estructuró este elenco?

Yo todavía estoy sorprendido y feliz de cómo armamos el cast. Fue un proceso muy acelerado; entre la preparación y el rodaje todo avanzó de forma veloz y tuvimos poquísimo tiempo. Yo conocía a Jimmy Jean-Louis, pero no lo tenía totalmente registrado en mi radar.

  • Un día, el director Ronnie Castillo subió una foto de él a raíz de una película que rodó en Francia (Au revoir, mi amor). Yo estaba deslizando en la pantalla, me detuve y fue como una epifanía. Pensé: "Es haitiano, es actor, trabajó con Ronnie, o sea que es asequible".

A partir de ahí, no pude ver a ningún otro actor en ese personaje. Jimmy traía consigo ese magnetismo de estrella que Hollywood te da; una cualidad casi de aparición o de superhéroe que el personaje requería. Me obsesioné con él y por suerte lo conseguimos.

Lo de Mercedes Morales fue una sorpresa hermosa. Yo sabía de su existencia por su trayectoria en la danza, pero no la identificaba plenamente. Fue el productor Rafa Muñoz quien me sugirió su nombre.

Al principio me dio miedo porque ella no era actriz per se, pero desde que la conocí no dejaba de pensar en ella. La cámara la ama y posee una voz sumamente profunda. Al cuarto llamado de casting aceptó. Además, hubo coincidencias orgánicas, como una escena donde el personaje debía bailar.

Con Sarah Jorge León fue distinto: escribí el personaje expresamente para ella. Me encantó nuestro trabajo previo en Candela, adoro su disciplina. Por último, el papel más difícil de conseguir fue el de la niña, interpretado por Adriana Zayas (hija de Roger Zayas).

La productora me presionada porque faltaban cuatro días para rodar y no la teníamos. Adriana llegó el último día de audiciones y a la primera, supe que era ella.

"El rodaje fue sumamente intenso, mucho más desgastaste y demandante que el de Candela. Era un proyecto muy ambicioso para mí, para el equipo y para Atlantis Estudios. Aunque transcurre en un solo set, es un espacio enorme con ideas complejas".

Luces, sombras y la contención interpretativa

—Algo notable de "Melodrama" es que evita encasillar a los personajes en los arquetipos de "buenos" o "malos". Son complejos, humanos, llenos de matices.

Es que, al final, el cine debe ser un reflejo de la vida. Desde mi perspectiva, no existen los buenos puros ni los malos puros; todos albergamos luces y sombras.

Incluso un personaje que podría catalogarse como el antagonista de la historia tiene sus razones muy claras y actúa acorde a lo que considera correcto, que en su caso es ayudar.

Se trata de no juzgar a los personajes, sino de entender desde dónde se mueven. El personaje de Sarah Jorge, la hija, podría verse como controlador, pero en realidad está intentando proteger a su madre con las herramientas que tiene, lo mejor que puede, como hacemos todos.

Por otra parte, la película aborda el trauma transgeneracional que se hereda de mujer a mujer. Si un conflicto no se resuelve en una generación, se traslada a la siguiente de forma cíclica.

¿Culpas a la hija? Pero, ¿quién crió a la hija? La madre. ¿Y quién crió a la madre? Quería explorar esa repetición constante hasta que alguien decide detenerse y romper el ciclo.

—Las actuaciones son sumamente potentes pero contenidas, muy alejadas del histrionismo teatral. ¿Cómo lograste ese tono?

Yo parto de la premisa cinematográfica de que "menos es más". Con menos planos puedes contar más cosas; con una cámara más calmada, permites que las emociones entren paulatinamente y golpeen con más fuerza. Tiene que ver con el ritmo y con la sensibilidad de los propios actores.

Mercedes tiene una cualidad mágica: tú la ves pensar a través de sus ojos frente a la cámara. Cuando ella llora en escena, es algo que me conmueve profundamente porque lo hace desde un lugar de honestidad absoluta.

Los actores se entregaron a estar presentes, a escuchar con el cuerpo y a formar parte del juego.

Melodrama es, de alguna manera, una película sobre lo que no se dice; sobre lo que todos sabemos, pero callamos. En las familias ocurre mucho: una mirada suele ser más elocuente que el monólogo más extenso. Yo trabajo desde ahí, buscando el balance delicado entre qué información dar y cuál retener. No me gusta darle todo digerido al público ni tomarlo por idiota; prefiero invitarlo a que llene los espacios en blanco con su propia imaginación. Eso genera un diálogo más rico con la obra.

El cine me salvó; me ayudó a mantener de alguna manera la cordura, le dio un objetivo a mi vidaAndrés FaríasDirector de cine

El pudor de la intimidad y la reacción del público

—¿Qué tan complejo fue para ti, como director, rodar las escenas íntimas, especialmente con Mercedes?

Para mí es sumamente difícil porque soy una persona con mucho pudor. De hecho, en las escenas más sexuales de la película hay ropa de por medio. Recuerdo que el director de fotografía, que tenía más experiencia que yo, me aconsejó.

"Establece reglas claras de movimiento, diles dónde colocar las manos, y luego déjalos fluir, enciende la cámara y salgamos de esto lo antes posible".

Lo primordial es generar confianza. No filmamos esas escenas la primera semana, sino la tercera, cuando ya existía un vínculo. Se conversa mucho sobre el porqué y el cómo. Para mí, el objetivo de la cámara en esos momentos es transmitir una sensación, no retratar explícitamente lo que ya se sabe que está ocurriendo.

Fue incómodo, claro, y más tratándose de una actriz de cierta edad donde el pudor social suele ser mayor. Pero Mercedes se lanzó al cien por ciento desde el primer día; confió en que las imágenes tenían una justificación artística y no morbosa.

Como hombres filmando un cuerpo femenino, debemos ser extremadamente éticos y cuidadosos con la mirada que proyectamos.

—La película ha tenido un recorrido exitoso por festivales internacionales como Chicago y Miami, pero notas una diferencia cuando la proyectas en la República Dominicana.

Sí, fuera del país la recepción ha sido excelente porque los espectadores conectan el conflicto migratorio de la película con sus propias realidades, como lo que ocurre con ICE en Estados Unidos. Me sorprendió constatar que, aunque es una historia de trasfondo dominicano, el tema es universal.

Sin embargo, noto una diferencia curiosa con el público local. La gente se ríe y se emociona en los mismos lugares que en el extranjero, pero aquí hay una mayor contención. En Chicago la gente soltaba la carcajada; aquí se ríen bajito, se contienen. Una amiga me decía hace poco.

"Me reí muchísimo, pero al mismo tiempo sentí algo raro porque no sabía si socialmente era correcto reírme en ese momento". No soy sociólogo, no sé exactamente qué ocurre ahí, pero es un fenómeno de recepción que solo me pasa con el público de aquí y me resulta sumamente curioso.

El cine como salvación y el valor de la Ley de Cine

—Has comentado que esta película te recordó por qué decidiste hacer cine. A nivel estrictamente personal, ¿qué significa este arte para ti?

El cine me salvó; me ayudó a mantener de alguna manera la cordura, le dio un objetivo a mi vida y me permitió forjar mi propio camino. Es la única disciplina en la que siento que puedo hacer algo bien y que me hace sentir orgulloso.

La descarga de adrenalina más increíble del mundo es estar en una sala oscura, compartiendo de forma colectiva una película mía con un público que reacciona. Es un acto de comunidad ancestral, como cuando nos sentábamos alrededor del fuego a contar historias.

A mí me duele mucho mi país. Creo que la República Dominicana tiene el potencial para ser el mejor país de toda la región; tenemos la gente y el poder, pero me duelen las injusticias cotidianas.

El cine me sirve como un megáfono para usar ese dolor y abrir conversaciones. Es mi humilde aporte ciudadano para que las futuras generaciones hereden un país mejor.

Hacer este tipo de cine es un proceso solitario, obsesivo y duro.

El cine es la punta de lanza de nuestra identidad cultural. Hablamos mucho de turismo, pero el turismo no es solo playa; es también que un ciudadano en Suiza vea en una pantalla a una familia dominicana comiendo mangú y se pregunte qué es eso y quiénes somos.

El cine vende nuestra cultura y nos posiciona en el mundo, tal como lo han hecho históricamente Francia, México o Estados Unidos.

—Para cerrar, ¿cuál fue tu primer contacto real con el rodaje cinematográfico?

Mi padrino en esto fue Ángel Muñiz, a quien le debo muchísimo. Comencé trabajando con él en el año 2008 en la película "Ladrones a domicilio", que era una comedia, pero con una carga de crítica social sumamente fuerte.

Ese fue mi bautismo de fuego. Luego trabajé con Leticia Tonos como productora en Trópico de Sangre, de Juan Delancer.

Yo era diseñador gráfico y, tras hacer un taller de dirección de cortometrajes en Altos de Chavón, decidí renunciar a todo para hacer cine, en una época donde no había ley y solo tres personas lograban filmar. Me volví el asistente y editor de Ángel Muñiz.

Él me enseñó a aterrizar los sueños cuando no había infraestructura. Su empeño en tratar temas sociales a través de la pantalla influyó de manera definitiva en mi propia voz como director. Su coherencia ha sido, sin duda, mi gran inspiración.

El legado incandescente: Filmar para la posteridad

Como un eco de aquella resistencia silenciosa que aprendió al lado de Ángel Muñiz, Farías no filma para la autocomplacencia ni para la comodidad del aplauso fácil.

Filma porque no tiene otra alternativa, porque el impulso creativo es una fiera que solo se aquieta cuando la luz del proyector se enciende en la penumbra de una sala.

Su apuesta es a largo plazo, una carrera de fondo contra el olvido en una industria que a veces devora sus propias historias con la misma velocidad con la que se consume un rollo de celuloide.

Su mirada, desprovista de la miopía del éxito comercial inmediato, apunta directamente a la memoria histórica de una nación en constante construcción. Para él, el valor de un fotograma reside en su capacidad de trascender el tiempo, de convertirse en el testimonio inalterable de quiénes fuimos, qué nos dolió y qué preferimos callar.

“Todos los días me levanto y me pregunto por qué estoy haciendo esto, cuál es el sentido si al final va a ir poca gente o no la va a ver nadie. Pero yo creo que, para mí, lo importante son las películas que estoy dejando", reflexiona.

Y finaliza: "Cuando yo no esté, quedará qué película hice y qué energía quise meter. Al final, las películas quedan. Soy consciente, como estudiante de la historia del cine dominicano, de mi rol en la industria ahora mismo. Trato de ser consecuente con quién soy y con lo que quiero hacer con mi legado, si se quiere llamar así. Mientras se pueda, seguiré contando”.

Sobre Melodrama

La película se encuentra en la cartelera de los cines dominicanos, tras su participación en el Festival Internacional de Cine de La Habana, el Festival Latino de Cine de Chicago y el Miami Film Festival.

Producida por Lantica Studios y Rafael Elías Muñoz, “Melodrama” sigue la historia de Sonia, una viuda dominicana que debe vender la casa donde vivió toda su vida para mudarse a un pequeño apartamento frente al mar. Agobiada por la pérdida y el cambio, su vida da un giro inesperado cuando conoce a Aimé, un obrero haitiano que trabaja en la construcción del edificio vecino. 

A pesar de los prejuicios y las dificultades que enfrentan, entre ambos nace una historia de amor que desafía barreras.

Periodista dominicano con un máster en Comunicación Integral Avanzada y Marketing Digital cursado en Madrid. Actualmente se desempeña como redactor senior en Diario Libre. Cuenta con una sólida trayectoria en coberturas nacionales e internacionales, representando al país en eventos realizados en Corea del Sur, México y España.