Belén Rueda: “La igualdad llegará el día en que solo importe nuestra mirada, no si somos mujeres"
La actriz española conversó con Diario Libre en México, en el marco de los premios Platino, sobre la libertad que le ha dado la madurez, los retos que aún afrontan las mujeres en el cine y el impacto de las historias en la sociedad actual
Hay personas cuya presencia transmite serenidad incluso antes de pronunciar una palabra. No es una cuestión de fama ni de prestigio, sino de esa calma que suele llegar cuando la experiencia termina convirtiéndose en libertad. Belén Rueda pertenece a esa categoría.
Durante los Premios Platino, la actriz recibe a Diario Libre con la cercanía de quien lleva décadas conviviendo con el éxito sin permitir que este defina quién es. Escucha con atención, responde sin prisa y reflexiona antes de cada frase. A sus 61 años, atraviesa una etapa de plenitud profesional y personal en la que asegura sentirse más libre que nunca para expresar lo que piensa.
Después de construir una de las carreras más sólidas del cine español, ya no parece interesada en demostrar nada. Prefiere hablar de aquello que considera verdaderamente importante: la igualdad, la madurez, la responsabilidad del cine y la necesidad de seguir defendiendo derechos que nunca deberían darse por conquistados.
Igualdad en el cine
La conversación comienza con uno de los asuntos que más debate sigue generando en la industria audiovisual: la igualdad de oportunidades para las mujeres.
Belén Rueda reconoce que el cine español vive un momento especialmente interesante gracias al trabajo de muchas directoras y guionistas, aunque considera que todavía persisten prejuicios que limitan la manera en que se percibe el talento femenino.
“Están tocando temas difíciles, pero también saben hacer un cine más familiar, o incluso con sarcasmo. Hay que tener cuidado de no pensar que, porque eres mujer, solamente puedes contar determinadas historias.”
Para la actriz, el verdadero objetivo va mucho más allá de aumentar el número de mujeres detrás de las cámaras.
“Lo ideal sería que cada uno pudiera tener su propia identidad creativa. Que dejaran de preguntarte si eres hombre o mujer y únicamente importara cuál es tu visión sobre ese proyecto.”
La frase resume una aspiración que, en su opinión, todavía está pendiente: que el talento deje de medirse desde el género y empiece a valorarse únicamente por la calidad de las ideas.
Si hay un concepto que atraviesa toda la conversación es la libertad.
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No la entiende como un reconocimiento profesional ni como una consecuencia de la experiencia acumulada, sino como una conquista profundamente personal.
“Ahora tengo mucha más libertad para decir lo que pienso, y así lo hago”, afirma con naturalidad, aunque reconoce que no siempre puede elegir los personajes que interpreta.
La edad, lejos de convertirse en una limitación, se ha transformado en una fortaleza. Habla del paso del tiempo sin nostalgia y sin la necesidad de aferrarse a una imagen determinada. La seguridad que transmite nace, precisamente, de haber dejado atrás la obligación de responder a expectativas ajenas.
Derechos de las mujeres
En una industria que durante años ha mirado con mayor indulgencia el envejecimiento masculino que el femenino, Belén Rueda representa una generación de actrices que reivindican la madurez como una etapa de crecimiento artístico y personal.
Durante la alfombra roja de los Premios Platino, la actriz coincidió con una reflexión de Dolores Fonzi: conquistar derechos puede requerir décadas, pero perderlos puede ocurrir en muy poco tiempo.
Cuando le preguntamos si, pese a todos los avances, las mujeres siguen encontrando obstáculos para abrirse camino, su respuesta llega sin rodeos.
“Sí. Todavía no hemos llegado a la igualdad; nos queda bastante”.
No habla desde el pesimismo, sino desde la convicción de que los avances solo son posibles gracias a la perseverancia.
“La igualdad llegará cuando dejen de preguntarnos si somos mujeres y solo importe nuestra mirada”. “Poquito a poco se van consiguiendo cosas, pero no porque lleguen solas, sino porque seguimos ahí, luchando”.
Entonces amplía la reflexión y trasciende el ámbito cinematográfico para situarla en el contexto social.
“Cuando hay una crisis de los derechos humanos, una de las primeras cosas que retroceden son los derechos de las mujeres.”
No es una afirmación lanzada como consigna. Es una advertencia construida desde la observación y la memoria histórica, una llamada a no dar por definitivas conquistas que todavía requieren protección.
Belén llegó al cine más tarde que muchas de sus contemporáneas.
Tras consolidarse en televisión con Periodistas y Los Serrano, Alejandro Amenábar le abrió las puertas del séptimo arte con Mar adentro, interpretación que le valió el Premio Goya a la Mejor Actriz Revelación y marcó el inicio de una trayectoria que la convertiría en uno de los rostros imprescindibles del cine español.
Desde entonces ha dado vida a mujeres atravesadas por la pérdida, el miedo y la esperanza en títulos como El orfanato o Los ojos de Julia, personajes construidos desde la complejidad emocional. Su carrera demuestra una constante: la búsqueda de historias capaces de conectar con el espectador desde la verdad de sus personajes.
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