“Grease 2” combina motocicletas y números musicales en una secuela sin complejos

Michelle Pfeiffer brilla en un musical que nunca alcanzó el impacto de su predecesora, pero que con el paso del tiempo se convirtió en película de culto

Décadas después de su estreno “Grease 2” sigue demostrando que es una secuela que se puede disfrutar por sus propios méritos. (© 1982 Paramount Pictures)

Hay películas cuyo destino parece quedar decidido durante su estreno y otras que necesitan años, incluso décadas, para encontrar a los espectadores capaces de apreciarlas de una manera diferente. “Grease 2” pertenece claramente al segundo grupo.

Estrenada en 1982, cuatro años después del fenómeno protagonizado por John Travolta y Olivia Newton-John, la secuela tuvo que cargar desde el principio con comparaciones inevitables y, para empeorar las cosas, llegó a los cines en un momento particularmente complicado.

Basta observar lo que ocurría en las salas estadounidenses durante su primer fin de semana. “Grease 2” quedó en quinto lugar, detrás de “E.T.”, “Star Trek II: The Wrath of Khan”, “Rocky III” y “Poltergeist”.

No era precisamente un escenario favorable para una película que intentaba repetir, con nuevos protagonistas, personajes y canciones, la fórmula de uno de los musicales cinematográficos más populares de finales de los años 70. 

El resultado comercial tampoco ayudó. Con un presupuesto cercano a los 11 millones de dólares, recaudó alrededor de 15 millones en Estados Unidos, muy lejos de los resultados obtenidos por “Grease”.

Las críticas fueron mayoritariamente negativas o mixtas y los planes para continuar la franquicia con otras películas y una serie de televisión terminaron abandonándose. Sin embargo, la historia de “Grease 2” no terminó allí. Con el paso de los años fue desarrollando una fiel base de seguidores hasta alcanzar la condición de película de culto

De regreso a Rydell

La historia comienza en 1961, dos años después de los acontecimientos de la primera película. Michael Carrington (Maxwell Caulfield), primo inglés de Sandy, llega al instituto Rydell y rápidamente se interesa por Stephanie Zinone (Michelle Pfeiffer), una de las Pink Ladies.

El problema es que Stephanie acaba de romper con Johnny Nogerelli (Adrian Zmed), líder de los T-Birds, y sueña con encontrar un muchacho misterioso, peligroso y, sobre todo, capaz de dominar una motocicleta

Michael decide entonces transformarse en ese hombre. La inversión de algunos elementos de “Grease” resulta interesante: ahora es el muchacho aparentemente correcto quien debe cambiar para conquistar a la chica rebelde. El argumento sirve principalmente como excusa para regresar a Rydell y construir una nueva sucesión de canciones, romances, rivalidades y situaciones cómicas.

Ahí también aparecen algunos de los problemas de la película. El guion pierde su norte en más de una ocasión, varios personajes secundarios quedan desaprovechados y algunas subtramas parecen simplemente desaparecer.

No sorprende saber que la directora Patricia Birch reconoció que el libreto todavía no estaba terminado cuando comenzó el rodaje. Incluso se eliminaron escenas con ya no encajaban con la forma que iban desarrollando la historia del filme. 

Una nueva generación que no logra reemplazar a la anterior

Comparar los nuevos T-Birds y Pink Ladies con Danny, Kenickie, Rizzo, Frenchy y compañía resulta prácticamente inevitable, y aquí la secuela sale perdiendo. Los T-Birds encabezados por Johnny Nogerelli carecen de la personalidad de sus predecesores.

Algo parecido sucede con las Pink Ladies, hasta el punto de que la dinámica entre Stephanie, Paulette (Lorna Luft), Sharon (Maureen Teefy) y Rhonda (Alison Price) nunca establece con demasiada claridad quién ocupa realmente el centro del grupo.

Aun así, hay suficiente talento alrededor de los protagonistas para mantener las cosas animadas. Adrian Zmed aporta energía, mientras entre los secundarios aparecen intérpretes como Christopher McDonald, Peter Frechette, Tab Hunter y Connie Stevens.

También regresan algunos rostros conocidos de “Grease”, entre ellos Didi Conn como Frenchy, Eve Arden como la directora McGee, Sid Caesar como el entrenador Calhoun y Eddie Deezen como Eugene. 

Aunasí, es imposible hablar de “Grease 2” sin reconocer que la persona que termina apropiándose de la película: Michelle Pfeiffer.

Michelle Pfeiffer se roba la atención de todos

Pfeiffer todavía era presentada como una recién llegada a Hollywood y este fue su primer gran papel como protagonista. Resulta fascinante verla antes de convertirse en una de las actrices más importantes de su generación, porque ya están presentes el carisma y la seguridad que definirían buena parte de su carrera posterior.

Además, canta sus propias canciones y se entrega a cada número musical con energía, gracia y entusiasmo. 

Maxwell Caulfield cumple como Michael y posee el aspecto adecuado para la transformación del estudiante correcto en el misterioso motociclista que conquista a Stephanie, aunque nunca consigue proyectar el magnetismo que Travolta había aportado a Danny Zuko.

Paradójicamente, mientras la película terminó impulsando la carrera de Pfeiffer, su fracaso tuvo consecuencias mucho más difíciles para Caulfield, quien posteriormente reconocería que tardó años en recuperarse profesionalmente de la experiencia

Las canciones tampoco alcanzan el nivel de las de la original, pero eso no significa que carezcan de encanto. Los números son coloridos, exagerados y, en ocasiones, deliberadamente absurdos. Precisamente esa combinación contribuye hoy al atractivo particular de la película.

No tiene por qué ser un gusto culposo

Quizás uno de los mayores errores al regresar a “Grease 2” sea exigirle constantemente que sea “Grease”. No lo es. Tampoco está a su altura. Pero reconocer esta verdad no obliga a tratarla como una película que solo puede disfrutarse irónicamente.

Para quienes crecieron durante los años 80 y tuvieron la oportunidad de descubrirla en televisión, volver a verla puede convertirse en una experiencia especialmente agradable.

La nostalgia evidentemente juega su papel, pero no explica por completo su capacidad para entretener. “Grease 2” es un musical ligero, extraño por momentos, imperfecto y fundamentalmente inofensivo, interpretado por un grupo de jóvenes actores que parecen disfrutar cada oportunidad de cantar, bailar y habitar su propia versión del universo de Rydell.

Esa energía ayuda al espectador a ignorar muchos de los problemas del guion

Quienes la descubran por primera vez encontrarán además una curiosa cápsula del tiempo, tanto del musical cinematográfico como de una generación de intérpretes que apenas comenzaba a abrirse camino.

Grease 2” nunca pudo escapar completamente de la sombra de “Grease”, y probablemente tampoco debería intentarlo. Su encanto está en otra parte: en aceptar sus excesos, sus defectos y ese entusiasmo casi ingenuo con el que intenta mantener viva la fiesta.

Después de más de cuatro décadas, ya no necesita demostrar que podía superar a la original. Le basta con haber encontrado finalmente un público dispuesto a divertirse con ella sin pedir disculpas.

Escritor y periodista con más de 10 años de experiencia en las áreas del periodismo y escritura creativa. Licenciado en Psicología.