"Constantine", un antihéroe que lucha contra sus propios demonios
Matt Ryan protagoniza una de las adaptaciones más fieles del Hellblazer del universo de DC Comics
A simple vista, "Constantine" parece seguir una fórmula bastante conocida. Cada episodio presenta una amenaza sobrenatural distinta mientras una historia más grande se desarrolla lentamente en segundo plano. Demonios, fantasmas, posesiones y criaturas oscuras aparecen con frecuencia, por lo que resulta fácil pensar que se trata de otra serie de "monstruo de la semana".
Sin embargo, esa impresión desaparece casi de inmediato gracias a John Constantine. La verdadera fortaleza de la serie nunca son sus criaturas ni sus efectos especiales, sino un protagonista que rompe con la imagen clásica del héroe dispuesto a sacrificarse por el bien común.
Constantine salva personas, sí, pero también miente, manipula, engaña y toma decisiones que muchas veces ponen en riesgo a quienes lo rodean. Es un hombre lleno de contradicciones, y precisamente por eso resulta tan interesante.
Basada en el personaje creado por DC Comics para las páginas de Swamp Thing antes de convertirse en el protagonista de "Hellblazer", la serie logra trasladar con bastante fidelidad la esencia del famoso hechicero británico, aunque traslada gran parte de la acción desde Londres hacia diferentes escenarios de Estados Unidos.
Matt Ryan nació para interpretar a Constantine
Si existe una razón por la que esta serie sigue siendo recordada años después de su cancelación, esa es Matt Ryan.
Desde su primera aparición consigue transmitir la personalidad de John Constantine con una naturalidad sorprendente. Nunca intenta convertirlo en un héroe convencional ni suavizar sus defectos para hacerlo más simpático. Al contrario, acepta que el personaje es un auténtico desastre como ser humano.
Constantine presume de saber siempre qué hacer. Habla con un sarcasmo constante, parece disfrutar provocando a quienes lo rodean y es capaz de utilizar el engaño como una herramienta más de trabajo.
Después de todo, además de hechicero y exorcista, siempre ha sido un estafador profesional. Para él, manipular a un demonio y manipular a una persona forman parte del mismo repertorio.
Lo interesante es que la serie nunca intenta justificar ese comportamiento. John sabe perfectamente que sus decisiones tienen consecuencias y carga con un sentimiento de culpa que lo persigue desde mucho antes de que comenzara la historia.
Su pasado pesa sobre cada una de sus acciones, convirtiéndolo en alguien que intenta hacer lo correcto sin dejar de ser una persona profundamente imperfecta.
Ese conflicto moral termina siendo mucho más atractivo que cualquier enfrentamiento contra una criatura sobrenatural.
El ocultismo es el escenario; Constantine es la historia
La serie presenta una gran variedad de amenazas sobrenaturales y desarrolla una conspiración relacionada con una fuerza conocida como la Oscuridad Creciente, pero ninguno de esos elementos termina eclipsando al protagonista.
Cada caso sirve para conocer un poco más a Constantine y comprender por qué tantos aliados desconfían de él incluso cuando necesitan su ayuda. En el universo de DC, pocos personajes generan tanta incertidumbre entre héroes y hechiceros como él.
Todos saben que es brillante y extremadamente competente, pero también que es capaz de traicionar un plan o esconder información si considera que eso aumentará las posibilidades de ganar.
Ese equilibrio entre inteligencia, cinismo y humanidad convierte a John Constantine en un antihéroe muy distinto a la mayoría de los protagonistas de series de superhéroes.
También ayuda el sólido grupo de personajes que lo acompaña. Chas Chandler aporta la lealtad que Constantine rara vez expresa; Zed Martin añade una dinámica muy natural gracias a sus habilidades psíquicas; mientras que Manny, el ángel encargado de vigilar a John, representa constantemente la tensión entre el libre albedrío y un destino aparentemente escrito.
Una adaptación que entendió al personaje
Comparar esta serie con la película "Constantine" de 2005 protagonizada por Keanu Reeves resulta inevitable, aunque ambas persiguen objetivos diferentes.
La película ofrece una reinterpretación libre del personaje, mientras que la serie apuesta claramente por acercarse al espíritu de los cómics "Hellblazer".
Desde su forma de hablar hasta su sentido del humor, su tendencia al engaño y la culpa que arrastra por las tragedias de su pasado, esta versión se siente mucho más cercana al Constantine que los lectores han seguido durante décadas.
Esa fidelidad explica por qué, incluso después de la cancelación de la serie, DC decidió seguir utilizando la interpretación de Matt Ryan en producciones posteriores como "Arrow", "Legends of Tomorrow" y varias películas y series animadas. En lugar de reinventar nuevamente al personaje, el estudio entendió que ya había encontrado la versión adecuada.
Una temporada que dejó con ganas de más
Uno de los aspectos más comentados de "Constantine" ha sido siempre su cancelación tras una sola temporada. Es evidente que la historia estaba pensada para desarrollarse durante varios años y algunas tramas quedan abiertas, especialmente la amenaza principal que se va construyendo poco a poco.
Aun así, la serie consigue ofrecer una experiencia bastante satisfactoria. Los efectos visuales pueden mostrar algunas limitaciones propias de una producción televisiva de su época, pero el ambiente sobrenatural nunca pierde credibilidad.
La fotografía, las criaturas y la atmósfera oscura logran construir un mundo donde cualquier calle, iglesia o edificio abandonado puede esconder una presencia infernal.
Más importante aún, la serie entiende que el verdadero peligro nunca está únicamente en los demonios.
John Constantine vive convencido de que sus decisiones terminan perjudicando a quienes más aprecia. Aun así, sigue aceptando casos imposibles porque sabe que alguien tiene que enfrentarse a aquello que se oculta en las sombras. Ese es el motivo por el que continúa avanzando, aunque cada victoria le cueste una nueva cicatriz.
Quizá esa sea la mayor virtud de "Constantine". No presenta a un héroe destinado a salvar el mundo, sino a un hombre lleno de defectos que intenta impedir que el mal gane un día más.
Y, gracias al extraordinario trabajo de Matt Ryan, esa lucha resulta tan humana como cualquier hechizo, exorcismo o enfrentamiento contra las fuerzas del Infierno.