De un callejón en RD a dueña de cadena de salones en EE. UU., el "sueño americano" de Jeimy Flournoy
La dominicana Jeimy Flournoy cuenta la forma en la que vive su "sueño americano" y la creación de la primera franquicia de salón dominicano en Estados Unidos
Hace más de dos décadas, Jeimy Flournoy llegó a la tierra donde los sueños se hacen realidad de la mano de una tía paterna. Tenía apenas 16 años cuando se enfrentó a una realidad totalmente distinta a aquella en la que había crecido: una casita de madera en el interior de un estrecho callejón en El Caliche de Santo Domingo.
Era finales de la década de los 90 cuando la adolescente se insertaba en la sociedad de Washington DC, sede del gobierno federal de los Estados Unidos. Su objetivo era continuar con lo inculcado por su madre: estudiar, conseguir un diploma, trabajar y finalmente formar su familia. Cambiar ese orden nunca fue una opción.
Sin embargo, no era la primera vez que la joven Jeimy salía de República Dominicana. La primera fue con destino a Puerto Rico, donde permaneció aproximadamente un año después de que su padre “le arreglara los papeles” a ella y a sus hermanos para poder viajar y residir en territorio estadounidense.
Tras ese año en la vecina isla, Jeimy cuenta, en conversación con Diario Libre, que regresó a Santo Domingo y que, tiempo después, su madre tomó la decisión de enviarla a Estados Unidos con una hermana de su padre para que la joven persiguiera, sola, un futuro mejor lejos de la pobreza que los rodeaba.
- A los 17 años se independizó: abandonó la casa de su tía y alquiló una habitación por la que pagaba la mitad del salario que ganaba en los trabajos de medio tiempo a los que se postulaba, aun sin cumplir los requisitos que exigían, como hablar inglés.
Durante unos tres años su rutina consistió en ir a la escuela en la mañana, presentarse a sus trabajos en la tarde-noche y regresar a su habitación a dormir.
Según insiste, debía seguir los lineamientos impuestos por su progenitora, quien, a pesar de permanecer en Santo Domingo, seguía presente en su pecho y su mente, hasta convertirse en uno de sus sustentos en medio de la adversidad.
El tiempo pasó. Entre trabajos de medio tiempo y cambios de alojamiento, Jeimy logró finalizar la secundaria e ingresó al Montgomery College, donde obtuvo un título de asistente legal. Allí conoció a su esposo; se casaron y tuvieron su primer hijo.
Ya establecida, con una casa y su familia, la dominicana sufrió otro golpe cuando, en medio de la crisis de la primera década de los 2000, vio cómo ella y su esposo perdieron sus trabajos.
Esta pérdida los llevó a decidirse por buscar empleos más estables. Por ello, Jeimy dedicó 11 años de su vida a trabajar para el gobierno federal de los Estados Unidos, primero como estudiante y luego ocupando cargos administrativos en el Departamento de Justicia y en la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA).
Pero un accidente le daría la oportunidad de establecer su propio negocio. Años después, tomaría la decisión de renunciar a su trabajo para dedicarse a tiempo completo a su emprendimiento.
Una cadena de salones
Con el dinero que recibió tras el accidente, más los ahorros que tenía, a Jeimy se le ocurrió la idea de abrir un negocio. El primero de sus salones abrió sus puertas en 2015 en Maryland. Lo construyó gracias a un conocido, quien más tarde se convirtió en su socio, y tres años después decidió abandonar su puesto en el gobierno debido a lo demandante que se volvió el negocio.
Un segundo local, también en Maryland, llegó poco tiempo después, en octubre de 2019. Sin embargo, por la pandemia del COVID-19 se vio obligada a clausurarlo temporalmente, aunque actualmente sigue en funcionamiento.
El pasado 10 de marzo recibió las llaves del local que acogerá su tercer salón bajo la marca Salon 809, un nombre que le permitirá expandirse por la costa este de Estados Unidos bajo un modelo de franquicia. Con este esquema evitará una gestión directa sobre cada local, aunque recibirá ganancias de lo que estos generen mensualmente y deberán responder a sus lineamientos para garantizar la calidad del servicio.
“En 2015 abrí mi primer salón en Maryland con la idea de crear algo diferente: un salón dominicano que combinara nuestra técnica y tradición con profesionalismo, estructura empresarial y una experiencia de lujo para los clientes”, señaló.
“Hoy ese pequeño salón se convirtió en Salon 809, lo que considero con mucho orgullo la primera franquicia de salón dominicano en los Estados Unidos. Actualmente tenemos varias ubicaciones, franquicias vendidas y estamos a punto de abrir nuestro tercer salón corporativo”, agregó.
Un cuarto salón, el primero que será totalmente instalado bajo el sistema de franquicia, está planificado para abrir en los próximos meses en Carolina del Norte.
“Estoy orgullosa y sí siento y sí veo que estoy logrando mucho, pero yo no me veo como la gente me ve. Yo no siento que es tan grande”, expresó al evaluar su progreso desde la casita de madera hasta convertirse en dueña de una cadena de salones en la capital estadounidense.
Objetivos de la marca
La dominicana espera abrir al menos tres franquicias adicionales, principalmente en zonas cercanas a Washington DC y Maryland. Sin embargo, no descarta que Salon 809 llegue a otros puntos tan lejanos como California.
Sus planes de expansión también incluyen su amada República Dominicana, donde ya ha adquirido un local en Punta Cana. El establecimiento estaría listo para 2028. Por lo pronto, el nombre de la marca ya está registrado en el país.
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