Del Ensanche La Fe a vicepresidenta de Princeton: Ramona Romero, la dominicana que nunca olvidó sus raíces
Desde su llegada a Nueva York, Ramona ha enfrentado desafíos que la han llevado a convertirse en la primera mujer consejera legal y vicepresidenta de Princeton, rompiendo estereotipos
Cuando Ramona Romero, la primera mujer en desempeñarse como consejera legal principal de Princeton University, la universidad más prestigiosa de EE. UU., piensa en su infancia, todavía recuerda con precisión la dirección de la casa donde creció en Santo Domingo: calle Ramón Cáceres 33, en el Ensanche La Fe.
La casa color naranja todavía se encuentra intacta, rodeada de vecinos longevos que, al preguntar por ella, todavía la recuerdan como “la que se fue a Nueva York”, o “La hija de María”.
Ramona también recuerda el día en que su madre emigró a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Ella tenía apenas seis años.
Su madre, enfermera de profesión, dejó atrás a sus hijos para trabajar en una fábrica en Nueva York y reunir el dinero necesario para traerlos con ella. Ramona permaneció cuatro años en República Dominicana bajo el cuidado de una familia vecina que terminó convirtiéndose en una segunda familia.
Años después, cuando finalmente llegó a Nueva York junto a uno de sus hermanos, descubrió que el llamado sueño americano también tenía momentos difíciles.
“Fue un poco traumático”, recuerda.
Más de cinco décadas después, todavía conserva en su memoria la sensación de salir del avión una noche de enero de 1973 y enfrentarse por primera vez al frío neoyorquino.
La vida que conocía había quedado atrás.
En Santo Domingo estaba rodeada de familiares, vecinos y amigos. En Nueva York, en cambio, pasaba muchas tardes sola en un apartamento mientras su madre trabajaba largas jornadas para sostener a la familia.
Sin embargo, aquella niña que llegó a Estados Unidos con apenas 10 años aprendió muy pronto una lección que marcaría toda su vida: seguir adelante aun cuando las circunstancias fueran adversas.
“Cuando fallo, me levanto y sigo. Todos fallamos en algo”, afirma.
La niña que “sabía más que el lápiz”
Desde pequeña escuchaba una frase que se repetiría constantemente.
“Esa niña sabe más que el lápiz. Debe ser abogada”.
- Le decían que discutía demasiado, que siempre tenía argumentos y respuestas para todo.
Con el tiempo, aquella observación terminó convirtiéndose en una vocación.
Romero se graduó de Barnard College, afiliado a Columbia University, y posteriormente obtuvo su título en la prestigiosa Harvard Law School.
Llegar hasta allí no fue producto de privilegios económicos.
Su madre no tenía recursos para costear una educación de élite, por lo que becas y ayudas financieras fueron determinantes en su trayectoria.
Por eso, cada vez que habla de su historia, lo hace con gratitud.
“Este país me ha dado oportunidades extraordinarias”, dice.
Pero también reconoce que haber crecido en un hogar de inmigrantes y de recursos limitados le permitió comprender las desigualdades sociales que enfrentan millones de personas.
Rompiendo barreras
A lo largo de su carrera, Ramona Romero ha ocupado puestos que históricamente habían estado reservados para otros perfiles.
Pese a que no logró su sueño de ser la primera mujer latina en convertirse en jueza de la Corte Suprema de EE. UU., si fue la primera latina y apenas la tercera mujer en 150 años en ocupar la máxima posición legal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos durante la administración del expresidente Barack Obama.
Más adelante, en el 2014, se convirtió en la primera mujer en desempeñarse como consejera legal principal de Princeton University y posteriormente recibió el título adicional de vicepresidenta.
Para ella, esos logros tienen un significado que va más allá del reconocimiento personal.
“A mí me gusta romper barreras porque cada vez que eso sucede se les hace un poquito más fácil a los que vienen después”.
Esa filosofía la acompañó incluso cuando dejó el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Antes de partir, promovió el ascenso de otro abogado latino que terminó ocupando la posición que ella había desempeñado.
El precio del éxito
Los logros también han requerido sacrificios.
Cuando aceptó el cargo de consejera General del Dpto. de Agricultura en Washington durante el gobierno de Obama, sus dos hijas eran pequeñas. Durante varios años pasaba la semana lejos de ellas y regresaba a casa únicamente los fines de semana.
“Todo lo que haces en la vida tiene sacrificios”, reflexiona.
Aun así, nunca perdió de vista el propósito que la impulsaba: utilizar el derecho como una herramienta para generar cambios y servir a la sociedad.
Romero sostiene que el éxito profesional no depende únicamente del talento.
Si tuviera que resumir la clave de su trayectoria en una sola palabra, sería excelencia.
“Nadie va a decir que trabaja más que yo”, afirma.
“La excelencia es lo primero. Después de la excelencia viene todo lo demás”.
Una dominicana en Princeton
A pesar de haber pasado la mayor parte de su vida en Estados Unidos, Ramona Romero nunca ha dejado atrás su identidad dominicana.
Regresa regularmente al país, mantiene vínculos estrechos con familiares y amigos, y se ha asegurado de transmitir esa herencia cultural a sus hijas.
“Eso es parte de quien yo soy”, dije. “No se puede negar ni olvidar”.
Aún después de llegar tan lejos, Ramona sigue creyendo que el verdadero éxito consiste en abrir caminos para quienes vienen detrás.
“Cada vez que abro una puerta, trato de dejarla abierta para los demás”, concluyó la abogada.
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