Más allá del juego: el potencial económico del deporte dominicano

Estrategias para convertir la pasión deportiva en un motor financiero

El orgullo generado por el béisbol en eventos como el Clásico Mundial debe ser el motor para potenciar la economía del deporte en la República Dominicana. (Fuente externa)

La participación de jugadores estelares de Grandes Ligas, tanto actuales como retirados, en el Clásico Mundial de Béisbol volvió a evidenciar la pasión y el orgullo que despierta nuestro deporte nacional. Aun sin llegar a la final, el entusiasmo de los peloteros y la fanaticada mostraron al mundo un sello único de la dominicanidad. Más allá del resultado, es una oportunidad para preguntarnos qué falta para convertir el deporte en un motor económico de mayor impacto.

La economía del deporte genera alrededor de 2.3 trillones de dólares anuales, según el World Economic Forum, y podría alcanzar los 8.8 trillones para 2050. Representa cerca del 2 % del PIB mundial. A nivel país, su peso puede ser aún mayor. En España, por ejemplo, solo el fútbol aporta aproximadamente el 1.44 % del PIB.

Aunque los mayores ingresos se concentran en el deporte profesional, los grandes torneos, la venta de indumentaria y el turismo deportivo, otros segmentos crecen con rapidez. Destacan los derechos de transmisión, la nutrición especializada, los esports, los servicios vinculados al rendimiento y las soluciones tecnológicas aplicadas al deporte.

El turismo deportivo, por sí solo, genera anualmente unos 672 mil millones de dólares globalmente. En este ámbito, la República Dominicana ha avanzado con torneos de golf, competencias de windsurf y maratones. La reciente creación de una asociación de turismo deportivo apunta a una mayor organización. Sin embargo, aún existe margen para aprovechar mejor la infraestructura disponible y diversificar las actividades en torno a estos eventos.

En el caso del béisbol, el país cuenta con una base sólida. Todas las organizaciones de Grandes Ligas de Estados Unidos tienen academias en territorio dominicano, generando una actividad económica estimada en más de 400 millones de dólares. Aun así, el potencial está lejos de agotarse.

El ecosistema podría ampliarse con la atracción de academias internacionales adicionales, el desarrollo de campamentos de verano para jóvenes y el fortalecimiento del turismo deportivo vinculado al béisbol. También hay oportunidades en tecnología, indumentaria y en las industrias creativas asociadas al deporte. Y ni que hablar de efectos positivos secundarios, cómo los jóvenes talentos conectando con otros que buscan practicar con ellos.  Parte de esto ya lo hace Jamaica en atletismo aprovechando sus éxitos olímpicos para desarrollar el sector, pero también para promocionar productos concomitante con esos eventos claves.

Otros deportes también presentan oportunidades. El voleibol y el windsurf han desarrollado nichos relevantes. Por ejemplo, este país cuenta con más piscinas olímpicas y semiolímpicas que muchas islas del Caribe. A esto se suma el crecimiento de servicios especializados (legales, médicos y técnicos) dentro del ecosistema deportivo.

A veces no son profesionales, cada vez más personas viajan con sus familias para participar en maratones y competencias que comenzaron como actividades de fitness.

Es momento de mirar el béisbol (y deportes en expansión como el fútbol) con una visión más amplia: ¿qué nuevos negocios podemos desarrollar a su alrededor? Desde diseño de ropa deportiva hasta música, videojuegos, producciones audiovisuales y contenido para plataformas digitales, las posibilidades son amplias.

El país aún tiene varios turnos al bate. La clave está en conectar el talento deportivo con una estrategia económica que permita seguir bateando jonrones, no solo para las grandes ligas, sino también para las mipymes que pueden crecer dentro de la economía del deporte.

Facilitadora comercio y exportacion, experta exportación de servicios y Caribe.