Encuestas maquiavélicas
Las encuestas como brújula del comportamiento electoral en sociedades abiertas
Las encuestas constituyen herramientas útiles en los estudios académicos de las ciencias sociales y en las investigaciones aplicadas que miden patrones de conducta y tendencias entre segmentos de la población. El Banco Central las realiza con rigor para conocer el ingreso y gasto de los hogares, mercado de trabajo, mipymes, expectativas empresariales, consumo cultural e inclusión financiera. Divulga sus datos en los medios para edificar a los agentes económicos y a la opinión pública, contribuyendo al libre flujo de opiniones, cónsono con el carácter democrático de nuestro ordenamiento constitucional.
Sirven para determinar perfiles de consumidores de un producto o servicio en los mercados e identificar temas de la agenda pública en sociedades abiertas. Igual para valorar a entes privados y gubernamentales, evaluar sus mandos y la confianza que gozan. Asimismo, marcan preferencias políticas de los ciudadanos.
En lo electoral, son instrumentos valiosos a ojos de los estrategas que dan seguimiento (tracking) a la competencia entre aspirantes y partidos. Base para diseñar ofertas atractivas a los electores, detectar debilidades y fortalezas propias y de contendores, creando imágenes vía marketing publicitario que generen empatía entre candidato y elector, para persuadirlo y captar su voto.
La solvencia universal de las encuestas como medio de predicción del voto real que se expresa en las urnas ha motivado a medios de comunicación a contratar firmas de prestigio a fin de monitorear las campañas y difundir sus resultados. Aportando a la forja de una opinión pública informada y a la libre decisión del elector.
En el escenario dominicano hemos contado con la concurrencia de dos tipos de encuestas: las contratadas por los medios, reputadas independientes y seriadas; y las vinculadas a partidos y candidatos, aprovechadas en el trabajo político y publicadas sólo a conveniencia. El pueblo sabio conoce al cojo sentado y al tuerto durmiendo.
En las elecciones del 2012, polarizadas por Hipólito Mejía y Danilo Medina, las encuestas de los medios fueron las más certeras. Así Greenberg/Diario Libre, Gallup/Hoy y Penn & Schoen/SIN, predijeron 51 %, 50.6 %, y 51 %, para Danilo Medina, logrando éste 51.21 % de los votos. Para Hipólito Mejía el pronóstico fue 46 %, 44.6 % y 46 %, ubicándose finalmente la votación en 46.95 %.
¿Qué pasó con las encuestas vinculadas a candidatos?
Benenson Strategy situó a DM en 52 %, pero colocó a HM en 41 %, mientras Sigma Dos marcó 53.7 % para DM y 43.6 % para HM, subestimando al competidor. En la acera contraria, Zogby Analytics y Bendixen registraron 45 % a DM, 6 puntos por debajo de las urnas, en tanto HM figuraba con 50 % y 52 %, o sea, 3 y 5 puntos por encima de la votación. Justo en unas elecciones súper disputadas como las del 2012, cuando DM arrancó apenas con 36 % e HM con 56 %, revirtiéndose dramáticamente esta brecha de 20 puntos.
En las elecciones del 15 de mayo del 2016, que enfrentaron a Danilo Medina con Luis Abinader, Greenberg/Diario Libre realizó 3 encuestas, al igual que Gallup/Hoy y Mark Penn/SIN. Del total de 9, el promedio fue 58.89 % a DM y 31.27 a LA.
Si tomáramos en cuenta sólo las últimas publicadas entre final de abril y el 11 de mayo por cada medio (G/DL 60 y 37; G/H 63 y 29; MP/SIN 62 y 28), el promedio sería 61.66 para DM y 31.33 para LA. Una diferencia neta de 30 puntos entre ambos. El voto registró 61.74 % DM y 34.98 % LA, subiendo Abinader en 3.65 sobre el estimado. Como puede comprobarse, la función predictiva de estas firmas contratadas por los medios se reveló certera.
En el análisis de las otras encuestas durante décadas he apelado a protocolos metodológicos para neutralizar el sesgo presunto.
Así, si promediáramos las 8 encuestas de firmas reputadas asociadas al PLD, divulgadas entre febrero y mayo 2016 (Benenson Strategy, Expeditions Strategies, CID Latinoamérica, Asisa, Sigma Dos), se obtendría 60.8 para DM y 31.05 para LA, coincidentes con los datos de los medios. Pero si en lugar de promediar la serie completa de 8 limitáramos el cálculo a los últimos 4 entre abril y mayo (Benenson, Expeditions, Sigma Dos y CID), resultarían: 64.65 DM y 28.95 LA. Aumentando la brecha entre ambos de 30 a 35.7, tumbándole a Abinader 6 puntos. Proyectando un Tsunami a favor de Medina.
En 2016 las firmas asociadas a la candidatura PRM/Luis Abinader (americana Zogby Analytics, dominicana Alfonso, Cabrera & Asoc. y mexicana Votia), publicaron 6 encuestas: 1, 2 y 3 respectivamente. Antes, en 2012, prestaron servicios al PRD/Hipólito Mejía-Luis Abinader, consultoras de solvencia profesional como el Centro Económico del Cibao que dirige Leonardo Aguilera y la de Ana María Acevedo, una meritoria experta en la materia. Siendo presumible que en 2016 tanto el PRM como el PLD contrataran otros estudios sólo para consumo interno, el promedio arrojado por las 6 encuestas aludidas realizadas entre febrero y mayo del 2016 fue de 48.85 DM y 42.86 LA. Con una brecha de apenas 6 puntos a favor de Medina, cuando las urnas marcaron 26.76 de diferencia.
El mayor peso en este balance estadístico erróneo lo causó la mexicana Votia, al aportar resultados de 3 sondeos telefónicos, una metodología también empleada por Newlink, contrastante con el grueso de las firmas que aplican entrevistas presenciales a muestras que van de N=1000 a 1200 electores –Gallup utiliza réplicas de boletas de la JCE y urnas para depositar el voto. A partir de datos del boletín del 12 de mayo 2016, fruto del sondeo telefónico efectuado entre el 7 y 10 de ese mes (47.3 DM versus 45.1 LA), el director de Votia Felipe Quintos declaró un “empate técnico” y proyectó la “inminencia” de una segunda vuelta.
Es obvio que Votia no sólo utilizó una metodología diferente. Mostró unos datos que se desviaban significativamente de los que marcaban las demás encuestas, incluyendo la del veterano Dorín Cabrera del 10 de abril 2016: 50.1 DM-42.9 LA. Antes, Cabrera, asesor de estrategia de campaña de Abinader, había publicado el 10 de enero 2016 una relación 52.9 DM-40.7 LA, con diferencia de 12 puntos porcentuales.
Otro recurso de control de consistencia estadística que empleo radica en promediar los respectivos promedios de las encuestas de los grupos de firmas vinculadas a los partidos contendores (en este caso PLD y PRM), para neutralizar los sesgos que pudiesen tener. Con este ejercicio, obtendríamos 54.82 DM-36.95 LA, una brecha de casi 18 puntos. Si a su vez incorporamos a esta operación de aproximación el promedio obtenido por los candidatos en las 9 encuestas realizadas por los medios de comunicación, el saldo sería 56.89 DM y 34.11 LA. Si a seguidas calculáramos cada uno de los 3 conjuntos de encuestadoras (medios de comunicación, PLD y PRM), el balance al promediar cada uno de los 3 promedios previos respectivos sería 56.18 DM y 35.06 LA. O sea, estaríamos frente a un margen de ventaja de 21 puntos porcentuales.
Ese ejercicio lo realizo para dar seguimiento a las elecciones ante la “guerra de encuestas”, desagregando resultados, a fin de afinar la puntería y aprovechar el valor de este instrumento de predicción de la intención del voto.
Conviene consignar que las encuestas no son infalibles, por más escrupulosas las metodologías empleadas para garantizar el cumplimiento de los criterios de representatividad y confiabilidad de sus resultados. Cuidando la selección de la muestra, el diseño del cuestionario, el entrenamiento del personal de campo y su supervisión efectiva, el programa de codificación y tabulación de los datos, su análisis y presentación bajo pautas de objetividad y claridad conceptual. Cada sondeo electoral es per se una foto del momento, captada en el marco de un proceso dinámico, cambiante, sometido a una competencia fiera, porque se disputa el poder.
Aún aquellos políticos que en algún momento declaran no creer en las encuestas –como decía el patriarca Balaguer pese a auxiliarse a hurtadillas de los excelentes servicios pioneros que en este campo le brindaba Lozano & Asociados, dirigida por mi entrañable fraterno Rafael Lozano-, buscan encontrar en sus datos pautas para definir estrategias, detectar errores y corregir rumbo. Para derramar, como miel sobre hojuela, el dulzor de las ofertas complacientes y orillar las ácidas. Para atacar al contrario en sus puntos flacos y sacar ventaja. Y cuando los numeritos los favorecen, apelar a ellos, flamearlos como bandera de triunfo, animando a los electores vacilantes a subirse al “carro de la victoria”.
Pero no basta con disponer de buenas encuestas. Los políticos de raza saben que necesitan una maquinaria partidaria estructurada con activistas motivados, alianzas convenientes, auxilio del sector externo, apoyo financiero. Objetivos claros y estrategia consonante. Publicidad inteligente y segmentada que llegue y genere empatía. Plan de medios. Programa de contactos directos con grupos claves. Calendario de movilización y acciones de campaña de los candidatos.
Todo ello empaquetado en propuestas atractivas que enamoren a la gente que acudirá a las urnas. Asegurando que las simpatías se traduzcan en votos contantes. De ahí la logística el día de las elecciones, transporte, dietas, padroncillos para los supervisores. Delegados de mesa que defenderán el voto en el colegio. Centro de cómputos espejo. Gente en la JCE. Brigada de abogados lista para el TSE. Todo eso y mucho más, porque los medios importan, los observadores y la comunidad internacional, para legitimar resultados.
En este contexto, llama la atención que el órgano rector de nuestro proceso electoral pretenda -contraviniendo la propia Ley Orgánica de Régimen Electoral que establece sólo 8 días de veda en la divulgación de encuestas antes de las votaciones, y vulnerando derechos fundamentales consagrados en la Constitución- colocar por vía reglamentaria un bozal y una venda a los ciudadanos y a los medios por un período insólito de 407 días antes del 3 de julio del 2027. Bajo el peregrino argumento de tutelar y filtrar las informaciones al soberano, sin calidad para ello, en una democracia que ya ronda 65 años desde que mandamos al Jefe al infierno.
Las encuestas no muerden. Son fiables como herramienta de predicción. El truco es tomarlas en serio y buscar en la media que proyecta la tendencia. Algo así como decir –parodiando a mi apreciado Rafelito Acevedo, apoderado de la Gallup- que en esta materia, Dios, que nos protege a todos, se encuentra en el promedio.