La reforma que se queda sin luz

Un destacamento operativo requiere luz, conectividad y empatía con las víctimas

Que un destacamento policial no pueda recibir una denuncia porque se fue la electricidad o porque no hay internet es la evidencia de una institución que opera lejos de las necesidades ciudadanas. Si a eso se suman agentes ausentes, trámites que dependen de un superior y personas obligadas a recorrer varias estaciones, la llamada reforma policial revela carencias básicas.

Modernizar la Policía Nacional no consiste únicamente en cambiar uniformes, adquirir vehículos o anunciar programas de capacitación. Exige garantizar energía, conectividad, equipos, personal suficiente y protocolos que permitan ofrecer servicios sin interrupciones. Una denuncia postergada puede significar pérdida de pruebas, mayor vulnerabilidad para una víctima y más desconfianza en las autoridades.

Resulta igualmente preocupante la cultura burocrática descrita en una nota de Diario Libre: ciudadanos enviados de un recinto a otro, documentos que esperan la autorización del jefe y respuestas poco empáticas ante la frustración de quien busca ayuda. La reforma debe transformar tanto la infraestructura como la relación entre policías y población.

Cada destacamento debería contar con sistemas de respaldo, conexión estable, trámites digitalizados y supervisión. También deben establecerse indicadores públicos sobre tiempos de atención y disponibilidad de servicios. Una policía profesional comienza por estar presente y funcionar. Mientras denunciar dependa de que haya luz, internet o un comandante, la reforma seguirá siendo promesa, no realidad.

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