Subsidiar a quien lo necesita
El costo oculto de los subsidios universales en el presupuesto del Estado
La recomendación de los expertos del FMI sobre las ayudas focalizadas aquí tiene plena aplicación. Los subsidios deben llegar a quienes verdaderamente los necesitan. Parece una obviedad, pero la práctica suele desmentirla.
Cuando el Estado contiene indiscriminadamente los precios, destina recursos públicos a aliviar tanto las estrecheces del pobre como los gastos de quienes pueden pagarlos. La apariencia de equidad encubre que quien más consume, puede recibir un beneficio mayor aunque tenga menos necesidad.
El dinero público tiene límites y cada peso utilizado para abaratar consumos de hogares acomodados deja de estar disponible para alimentación, salud, educación o protección de familias vulnerables. Subsidiar exige escoger prioridades y justificar resultados.
La focalización tampoco puede quedarse en una consigna. Requiere registros actualizados, criterios verificables, controles contra el clientelismo y mecanismos que permitan incorporar oportunamente a quienes caigan en la pobreza. Una familia necesitada excluida del sistema representa un fracaso tan serio como un beneficiario favorecido sin merecerlo.
Corresponde, además, revisar periódicamente las ayudas, establecer plazos cuando respondan a emergencias y explicar con transparencia su costo y alcance.
Volver al propósito original del subsidio es una obligación de justicia y responsabilidad fiscal. El Gobierno debe proteger a quienes no pueden afrontar solos el encarecimiento de la vida. Repartir entre todos puede ser popular. Empero, atender primero al necesitado es gobernar.