29 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes: renovación, proyección caribeña y desafíos institucionales
Con más de seis décadas de historia, el certamen abre un nuevo capítulo para las artes visuales, entre la experimentación contemporánea, la diversidad de lenguajes y los retos institucionales
Los resultados del 29 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre las transformaciones del arte contemporáneo caribeño, y los criterios que orientan su reconocimiento institucional.
La selección de diecinueve propuestas evidencia un marcado predominio de instalaciones, prácticas audiovisuales y lenguajes interdisciplinarios, frente a una presencia limitada de la pintura y el dibujo, y la ausencia de obras centradas específicamente en el grabado y la fotografía.
Esta distribución no constituye necesariamente una deficiencia, pero plantea interrogantes sobre la amplitud de los lenguajes representados. La contemporaneidad no debería identificarse exclusivamente con la experimentación tecnológica, la expansión espacial o la dimensión conceptual de las propuestas.
Nueva cartografía del arte caribeño
En el plano temático, destacan las preocupaciones por la memoria, la identidad, las relaciones de poder, la herencia afrocaribeña y los conflictos ambientales. Aunque estas perspectivas enriquecen el diálogo regional, su reiteración invita a examinar hasta qué punto la selección refleja la diversidad de la producción artística actual o responde a determinadas preferencias curatoriales.
También merece atención el perfil de los participantes. La concentración de artistas entre treinta y cuarenta y nueve años, junto con la presencia de creadores con experiencia expositiva internacional, plantea preguntas sobre las oportunidades efectivas para nuevas generaciones y trayectorias menos visibles. Las cuatro residencias internacionales representan un estímulo significativo para la circulación profesional.
El Concurso de Arte Eduardo León Jimenes ha demostrado, a través de sus sucesivas evoluciones, una notable capacidad para renovarse y responder a los cambios de la creación contemporánea.
Los desafíos curatoriales
Su proyección caribeña plantea, sin embargo, importantes desafíos de continuidad, particularmente por las exigencias económicas, técnicas y logísticas que supone trasladar y exhibir obras procedentes de otros países de la región.
A ello se suma una cuestión que merece reconsiderarse: la conveniencia de otorgar mayor participación a los curadores de la exposición en la selección de los artistas beneficiarios de las residencias internacionales.
Su conocimiento directo de las propuestas y de los procesos creativos podría enriquecer las deliberaciones y fortalecer la coherencia entre el proyecto curatorial y los reconocimientos otorgados.
El 29 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes representa un momento de inflexión dentro de la larga historia de los certámenes de artes visuales de mayor permanencia en la República Dominicana.
Fundado en el 1964, el evento ha funcionado durante más de seis décadas como un importante termómetro de las transformaciones del arte dominicano.
Cabe destacar que más de una veintena de ganadores de este certamen posteriormente recibieron el Premio Nacional de Artes Visuales de la República Dominicana, máximo galardón que otorga el Estado dominicano a verdaderas glorias del arte nacional, muchos de los cuales tuvieron visibilidad gracias a este certamen.
En esta edición, sin embargo, la mirada se desplaza de manera decisiva: el territorio simbólico del certamen deja de estar circunscrito fundamentalmente a lo nacional, incluida nuestra diáspora, para asumir de manera explícita una dimensión caribeña.
Las propias bases establecen entre sus objetivos impulsar las artes visuales contemporáneas no solamente en el país, sino también en la región del Caribe, permitiendo la participación de artistas caribeños nominados por especialistas seleccionados por el Centro León.
La decisión supone mucho más que ampliar una convocatoria y la logística que esto conlleva para trasladar las obras. Introduce una pregunta fundamental: ¿qué significa (re)pensar el arte dominicano desde su pertenencia al Caribe?
La presencia de artistas procedentes de Bahamas y Haití (la artista de Jamaica declinó su participación luego del anuncio y proceso curatorial de los artistas seleccionados), junto a dominicanos residentes dentro y fuera del país, amplía el alcance regional del certamen y propicia un diálogo entre sociedades caribeñas marcadas por procesos históricos compartidos, aunque con particularidades nacionales.
La exposición del 29 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, bajo la curaduría de Luis Graham Castillo, José Roca y Suset Sánchez, se articula en tres ejes temáticos: La casa y la nación, Archipiélagos de afromemorias y Ecosistemas líquidos.
Estas líneas curatoriales permiten examinar, respectivamente, las relaciones entre identidad, territorio y memoria nacional; las herencias africanas y sus expresiones culturales en el Caribe; y los vínculos entre naturaleza, agua y transformación ambiental.
En conjunto, ofrecen distintas perspectivas para interpretar las preocupaciones sociales, históricas y ecológicas presentes en las obras seleccionadas.
La museografía acompaña eficazmente el desplazamiento hacia obras que requieren espacio, recorrido y relaciones entre sí. La sala deja de funcionar únicamente como contenedor de objetos individuales para convertirse en escenario de una narrativa común.
Esa decisión fortalece el discurso curatorial, aunque también puede provocar que ciertas obras sean percibidas antes como componentes de una tesis general que como universos autónomos.
Las fichas extendidas que acompañan las obras, recurso frecuente en bienales y exposiciones internacionales, aportan claves necesarias para comprender procesos, contextos y motivaciones que no siempre resultan evidentes.
En esta edición del concurso, sin embargo, algunos de estos textos alcanzan un protagonismo que invita a preguntarse cuánto de nuestra lectura proviene realmente de la obra y cuánto de la narración construida a su alrededor.
El texto puede enriquecer y abrir sentidos, pero resulta pertinente preguntarse si, en determinados casos, termina sosteniendo conceptualmente aquello que la pieza debería ser capaz de activar desde sus propios recursos.
Un certamen que trasciende generaciones
La instalación escultórica de grandes dimensiones de Digno Roa (1995) titulada Paraíso salvaje, probablemente hubiese resultado menos avasallante si se hubiese emplazado lejos de la entrada. Quizás razones estructurales obligaron a la selección de este lugar dentro de sala.
De Roa seguimos prefiriendo el virtuosismo de su dibujo, que bien se pudiera haber complementado con el tema de las plantas medicinales, sobre todo en la era de la hibridación de medios.
Freddy Guerrero (1998) participó con una de las obras más impactantes del concurso El lugar en que tan bien estás, una video instalación fundamentalmente analógica donde se aprecia animación, con una buena puesta en escena en la que se reflexiona sobre el Alzheimer, el hogar y la pérdida.
El único aspecto debatible es la vulnerabilidad de la abuela del artista. La cámara registra entonces una intimidad marcada por vacíos, repeticiones, silencios, dudas o fragmentaciones del relato. Esto introduce además una dimensión ética: ¿hasta qué punto esa exposición de la fragilidad preserva su dignidad?
La emergente Noa Batlle (1993) contó con poca suerte al ser relegada a un espacio expositivo de grandes dimensiones, un tanto aislada del resto del conjunto, con una pieza de cine experimental que necesitaba de mayor intimidad para su proyección de un tema de discapacidades sensoriales tratado con mucho respeto y acierto.
En este sentido resaltamos la Importancia de que también se consulte al equipo curatorial sobre la museografía, para escuchar sus opiniones, y que no sea un hecho consumado, sin posibilidad de discusión.
Thaís Espaillat Ureña (1994) con quien nos tocó trabajar como curador en su muestra ¿De dónde vienen las olas? presentada en 2019 en el Centro de la Imagen, retoma el tema del agua con su poética particular, en una interesante presentación que podría haber resultado ser más acabada en su factura y resolución formal si se hubiesen utilizado proyectores de mayor tecnología para lograr una efecto más limpio y preciso.
Isabella Hiraldo (2003) la benjamina del grupo destaca por sus buenas pinturas con temas dedicados a la intimidad y al deseo. Una creadora que, a pesar de su corta edad, ya inicia su proyección internacional. En el catálogo echamos en falta varias de sus obras.
Karmadavis (1976) persiste en la provocación -completamente válida- con su arte conceptual, que al cimentarse en mecanismo de intercambio de pinturas por objetos cotidianos le daban pocas posibilidades en la premiación, ya que al final no había posibilidad de resguardar la obra en la colección, salvo el registro documental.
De los ganadores de residencias artísticas en el exterior, Nazario (1985) nos parece la propuesta más potente con cuatro grandes formatos sobre papel, donde el pluridisciplinario artista cuestiona el autoritarismo dominicano, en distintas etapas de la vida republicana.
Más allá de las observaciones que toda edición de un certamen de esta magnitud puede suscitar, corresponde reconocer el notable esfuerzo institucional que supone arribar a esta vigésima novena edición.
La inversión de recursos, tiempo, energía y capacidad de gestión que demanda articular una convocatoria de esta naturaleza confirma la voluntad de sostener un espacio de encuentro, visibilidad y reflexión en torno a la producción artística contemporánea.
En tiempos en que la continuidad de iniciativas culturales de largo alcance representa por sí misma un desafío, la permanencia del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes merece ser celebrada como expresión de un compromiso sostenido con el arte y sus transformaciones.
Caminero y Chourio o el material joven latino que puede definir el campeón
La maestría de los Rays para reinventarse tras perder a Franco
Casi la mitad de las especies de corales del mundo está amenazada de extinción; según estudio
29 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes: renovación, proyección caribeña y desafíos institucionales